Redacción
Angélica González
Durante décadas hemos escuchado que enamorarse profundamente es algo que ocurre una y otra vez, como si el amor intenso fuera casi inevitable en la vida adulta. Películas, series, canciones y hasta conversaciones cotidianas refuerzan la idea de que siempre habrá “otro gran amor” esperando a la vuelta de la esquina.
Un estudio del Instituto Kinsey, uno de los centros de investigación más reconocidos en temas de sexualidad y vínculos afectivos, decidió medir esa creencia con datos concretos. Para ello encuestó a más de 10.000 adultos solteros, de entre 18 y 99 años, en Estados Unidos, y les hizo una pregunta directa que rara vez se formula: ¿cuántas veces, a lo largo de la vida, se han enamorado de forma apasionada?
El promedio: solo dos grandes amores en toda la vida
A los participantes se les pidió pensar en ese amor intenso, absorbente y difícil de ignorar, más allá del cariño o el gusto pasajero. El resultado promedio fue de 2,05 experiencias de amor apasionado a lo largo de la vida, una cifra que rompe con la idea de que este tipo de enamoramiento es frecuente o permanente.
Los datos permiten afinar aún más el panorama:
- 14% dijo no haber vivido nunca un amor apasionado.
- 28% reportó haberlo vivido una sola vez.
- 30% afirmó haberlo sentido dos veces.
Solo una minoría indicó tres o más experiencias de este tipo, lo que refuerza la idea de que el amor apasionado es más bien excepcional que cotidiano. Para la psicóloga Amanda Gesselman, autora principal de la investigación, el hallazgo pone en contexto muchos relatos románticos: la gente habla todo el tiempo de enamorarse, pero, en realidad, para la mayoría ese tipo de amor ocurre solo unas pocas veces.
Hombres, mujeres y edad: ¿quién se enamora más?
El estudio también analizó si había diferencias marcadas entre grupos. Las variaciones fueron pequeñas. Los hombres reportaron ligeramente más experiencias de amor apasionado que las mujeres, una diferencia que se explica sobre todo por la comparación entre hombres heterosexuales y mujeres heterosexuales.
En términos de orientación sexual, el amor apasionado aparece como una experiencia bastante compartida, sin grandes brechas entre grupos. La edad, en cambio, introduce un matiz interesante: aunque solemos asociar el “enamoramiento loco” con la juventud, las personas mayores reportaron un número apenas mayor de experiencias, algo lógico si se tiene en cuenta el paso del tiempo y la cantidad de relaciones posibles.
Mientras el 26% de quienes tenían entre 18 y 19 años dijo no haberse enamorado apasionadamente, ese porcentaje bajó al 7,6% entre quienes superaban los 70 años. Es decir, con los años crece la probabilidad de haber vivido al menos una vez ese tipo de amor intenso, aunque no se convierta en una experiencia repetida sin fin.
Romanticismo, presión social y memoria emocional
Los resultados se conectan con otros datos del propio Instituto Kinsey y de encuestas realizadas por plataformas de citas como Match, que muestran que el romanticismo sigue muy vigente. Cerca del 60% de los solteros se describe a sí mismo como muy romántico y más de la mitad siente hoy más presión por encontrar el amor que generaciones anteriores.
A esto se suma el papel de la memoria emocional. Con el tiempo, muchas personas reinterpretan sus relaciones pasadas: lo que en algún momento pareció un amor arrollador puede verse distinto años después, más matizado o incluso menos idealizado. Esa relectura modifica no solo la forma en que contamos nuestra historia sentimental, sino también las expectativas frente a futuros vínculos.
El estudio reconoce límites importantes: se centró únicamente en adultos solteros y en un contexto cultural específico, el de Estados Unidos. Aun así, sus conclusiones ofrecen una mirada que puede resultar liberadora: el enamoramiento apasionado no es constante ni universal, y eso no significa que haya algo “mal” en quien no lo vive muchas veces.
Amar intensamente pocas veces también es normal
Entender que el amor apasionado suele aparecer solo un puñado de veces —o incluso ninguna— ayuda a bajar la presión de las comparaciones y de la idea de que la vida amorosa “vale menos” si no está marcada por múltiples historias intensas.
En palabras que resumen el espíritu de la investigación, amar profundamente pocas veces no es una falla ni una rareza, sino parte de la experiencia humana. Para algunos será una única gran historia, para otros dos o tres; para otros, la intensidad se vivirá de formas distintas, menos cinematográficas pero igual de significativas.
Más que perseguir un ideal romántico inalcanzable, estos datos invitan a mirar el amor con menos mito y más realidad: no se trata de cuántas veces uno se enamora apasionadamente, sino de cómo esas experiencias —pocas o muchas— contribuyen a construir una vida afectiva que tenga sentido para cada persona.
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