Redacción
Angélica González
El fenómeno de los therians, personas que dicen identificarse de forma profunda e involuntaria con un animal específico, dejó de ser un tema de nicho en internet para instalarse en plazas y parques de ciudades como Buenos Aires y Montevideo. Videos virales en TikTok e Instagram, donde se ve a jóvenes con máscaras, colas y movimientos animales, han llevado esta práctica a la discusión pública y encendieron un debate sobre identidad, diversidad y convivencia en espacios compartidos.
Lejos de limitarse a una moda pasajera, la exposición masiva de los therians divide posturas: mientras algunos defienden el derecho a la autoexpresión, otros cuestionan qué pasa cuando estas manifestaciones impactan en la vida cotidiana, como en encuentros multitudinarios en plazas o incidentes aislados que acaparan titulares. En este escenario, la pregunta ya no es solo qué son los therians, sino qué dice este fenómeno sobre cómo construimos identidad en la era digital.
Qué significa ser therian y de dónde viene el término
La palabra therian viene de therianthropy, concepto con raíces griegas que combinan las ideas de “bestia” y “ser humano” y que se usaba originalmente para hablar de transformaciones entre humanos y animales en la mitología y ciertos estudios culturales. Desde la década de 1990, el término empezó a consolidarse en comunidades digitales que discutían sobre identidades no humanas y experiencias de “ser animal” más allá del disfraz o el juego de rol.
Hoy, dentro de la comunidad, se llama therian a la persona que afirma tener una identificación interna —espiritual, psicológica o ambas— con un animal no humano, al que denominan “teriotipo”. Los ejemplos más frecuentes suelen estar asociados a mamíferos como lobos, perros, zorros o felinos, aunque también existen subgrupos vinculados a especies extintas o criaturas mitológicas.
Cómo se expresa la identidad therian en la vida diaria
En distintas ciudades de América Latina se repite una escena que ya es familiar en redes: adolescentes con máscaras sencillas, colas de animales y collares desplazándose en cuatro patas por plazas y parques, mientras otros registran todo con sus celulares. Esta práctica, conocida como “quadrobics”, consiste en correr, saltar y moverse apoyando manos y pies para imitar el movimiento de un animal.
A esto se suman tutoriales, compilaciones de videos y contenidos explicativos en TikTok, donde algunos creadores cuentan cómo viven su identidad therian, hablan de conceptos como “disforia de especie” y muestran el proceso de fabricar máscaras y accesorios. La propia comunidad insiste en que, para quienes se asumen therians, no se trata de un simple disfraz ni de una performance aislada, sino de una vivencia identitaria que describen como constante e involuntaria, aunque también hay jóvenes que se acercan a estas prácticas de forma recreativa o por socialización.
El rol de TikTok, Instagram y los encuentros masivos
La expansión del fenómeno sería difícil de explicar sin el impulso de las redes sociales. Plataformas como TikTok e Instagram funcionan como vitrinas donde los videos de quadrobics acumulan cientos de miles o millones de reproducciones, al tiempo que conectan a personas que sienten algo parecido y no encontraban referentes en su entorno inmediato.
En Montevideo, por ejemplo, una convocatoria difundida en TikTok terminó en un encuentro en Plaza Independencia donde se reunieron decenas de adolescentes y un pequeño grupo de therians rodeados de curiosos, turistas y medios de comunicación. Situaciones similares se han registrado en otras ciudades de la región, donde la curiosidad, la incomodidad y el debate se mezclan en un mismo espacio físico, mientras los clips de esos encuentros vuelven a circular en redes y amplifican la conversación a escala global.
Un debate abierto sobre identidad, diversidad y límites
El fenómeno therian no es uniforme ni sencillo de encasillar: incluye experiencias que algunos viven como identidad profunda, otros como juego, y muchos como una combinación de exploración personal, pertenencia grupal y estética digital. Para especialistas en psicología y antropología que han seguido el caso en Uruguay y otros países, más que un motivo de alarma, se trata de una expresión contemporánea de cómo los jóvenes exploran quiénes son en un contexto donde internet multiplica los modelos posibles de identidad.
Más allá de la subcultura puntual, el auge de los therians pone sobre la mesa preguntas más amplias: hasta dónde llegan los márgenes de la diversidad, cómo se gestionan las diferencias en espacios públicos compartidos y qué papel juegan las redes al amplificar prácticas que antes permanecían en ámbitos privados o muy reducidos. En un mundo donde la vida online y offline se entrelazan, fenómenos como este muestran que la conversación sobre identidad, pertenencia y respeto mutuo seguirá creciendo, con internet como principal escenario y altavoz.
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