Redacción
Juan Sebastián Sosa
La mayoría de los monos tienen cola y, de hecho, es una de las formas de distinguirlos de los simios. Precisamente esa pérdida de la cola es una de las características distintivas o fenotípicas de los simios, lo que hace que sean nuestros últimos ancestros comunes.
Un estudio, liderado por investigadores del NYU langone Health (de Estados Unidos) y publicado en la revista Nature, explica que la inserción de un tipo de secuencia genética móvil que se desplazó por el genoma durante la evolución - conocida como elemento transponible o ‘genes saltarines’- podría estar asociada a la pérdida de la cola.

En el estudio, que recoge el portal Sinc, los investigadores analizaron 140 genes relacionados con el desarrollo de la cola de los vertebrados en búsqueda de la razón que pudo haber provocado la pérdida de la cola en los hominoideos.
Con ese objetivo, el estudio partió de comparar los principales genes candidatos en los genomas de varias especies de primates, centrándose especialmente en los exones (regiones del ADN que codifican proteínas).
“Ofrecemos, por primera vez, un escenario plausible para el mecanismo genético que condujo a la pérdida de la cola en nuestros antepasados. Es sorprendente que una modificación anatómica tan grande pueda ser causada por un cambio genético tan pequeño”, le dijo a Sin el científico Itai Yanai, director científico de los Laboratorios de Bioinformática Aplicada de la NYU.
Genes saltarines
Pero este enfoque fue fallido, por lo que optaron por ampliar el estudio a las regiones codificadoras de proteínas que estaban en los propios genes, llamados intrones.
Allí descubrieron que un tipo de elemento transponible específico de los primates, denominado elemento Alu5, se insertaba en un intrón del gen TBXT (asociado con el desarrollo de la cola de los animales).
Para probar esa nueva hipótesis, los investigadores generaron modelos de ratón que expresaban distintas formas del gen TBXT, tanto la completa como la nueva isoforma con salto de exón (que en los hominoideos es inducida por la inserción del elemento Alu).
¿Qué encontraron? Que en ambos casos los ratones no tenían cola o la tenían más corta.
“En algunos de los ratones que perdieron la cola también se observó una afección similar a la espina bífida humana (un tipo de defecto del tubo neural). Esto sugiere que la presión evolutiva para perder la cola era tan grande que, a pesar de haber creado el potencial para esta afección, la perdimos igualmente”, indicó el experto.
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