Redacción Juan Sebastián Sosa

Tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes 10 de agosto, una escena se repitió en varias de las zonas más afectadas: de un momento a otro, los rescatistas levantaban el puño y pedían silencio absoluto. Aunque para muchos puede parecer una instrucción extraña en medio de una emergencia, en realidad se trata de uno de los procedimientos más importantes durante una operación de búsqueda y rescate.

 

La imagen se ha visto especialmente en Pereira y Cali, dos de las ciudades más golpeadas por el sismo. Allí, mientras decenas de socorristas, voluntarios y familiares trabajan entre los escombros, cada pausa en el ruido representa una nueva oportunidad para encontrar personas con vida.

 

Cuando las máquinas se detienen, los vehículos apagan sus motores y la multitud guarda silencio, comienza una de las fases más delicadas del rescate: escuchar posibles señales provenientes del interior de las estructuras colapsadas.

 

 

El silencio puede marcar la diferencia para encontrar sobrevivientes

 

En medio de una estructura derrumbada, cualquier sonido puede convertirse en una pista clave para los equipos de rescate. Un golpe, una voz, un gemido o incluso un leve movimiento pueden indicar que todavía hay personas atrapadas con vida.

 

Por esa razón, los rescatistas realizan lo que conocen como pausas acústicas. Durante esos minutos se detienen las retroexcavadoras, motosierras, generadores eléctricos y cualquier otra fuente de ruido que pueda interferir con la búsqueda.

 

En ese momento también entran en funcionamiento equipos especializados como geófonos y micrófonos de escucha, diseñados para captar vibraciones y sonidos extremadamente débiles provenientes del interior de los escombros.

 

 

El objetivo es identificar con la mayor precisión posible el punto donde podría encontrarse una persona atrapada antes de continuar removiendo el material.

 

Por eso, cuando un rescatista levanta el puño cerrado, no está pidiendo silencio por protocolo o por respeto. Está intentando escuchar una posible señal de vida.

 

Así trabajan los rescatistas para ubicar personas bajo los escombros

 

Una vez se detecta algún sonido, los equipos comparan la información obtenida desde diferentes puntos de la estructura para determinar de dónde proviene.

 

Esta labor permite concentrar los esfuerzos exactamente en el lugar donde existirían mayores probabilidades de hallar un sobreviviente.

 

El procedimiento también busca reducir riesgos. Remover escombros sin conocer la ubicación de una persona atrapada podría generar nuevos colapsos o poner en peligro tanto a las víctimas como a los rescatistas.

 

Además, muchas personas atrapadas logran comunicarse únicamente mediante pequeños golpes o movimientos porque no tienen fuerza suficiente para hablar.

 

Cada uno de esos sonidos puede convertirse en la diferencia entre localizar o no a un sobreviviente.

 

 

El trabajo de la comunidad también es fundamental durante el rescate

 

Una zona afectada por un terremoto concentra múltiples fuentes de ruido: maquinaria pesada, ambulancias, sirenas, helicópteros, vehículos de emergencia y cientos de personas buscando noticias de sus familiares.

 

Toda esa actividad dificulta la escucha de señales provenientes del interior de una estructura colapsada.

 

Por eso, cuando los organismos de socorro solicitan silencio, la colaboración de la comunidad resulta tan importante como el trabajo de los propios rescatistas.

 

Guardar silencio durante unos minutos permite crear las condiciones necesarias para que los equipos tecnológicos y el personal especializado puedan detectar cualquier indicio de vida.

 

El procedimiento no reemplaza el uso de perros de búsqueda, cámaras o sensores, sino que complementa todas esas herramientas durante las operaciones de rescate.

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