Redacción Julián Dussán Bonilla

Cada año, millones de personas alrededor del mundo experimentan una sensación común: enero parece ser más largo que otros meses del año. Aunque esta percepción puede atribuirse en parte a factores subjetivos e individuales, la ciencia ofrece algunas explicaciones interesantes detrás de este fenómeno.

 

En primer lugar, se encuentra la noción de rutina post-festiva. Después de las celebraciones de fin de año, las personas suelen regresar a sus actividades cotidianas y rutinas laborales, lo que puede generar la sensación de que el tiempo transcurre lentamente. 

 

Los cambios en las rutinas y la adaptación a la normalidad contribuyen a la percepción de que enero es un mes más largo. De hecho, Zhenguang Cai, especialista en percepción de tiempo de University College de Londres, tiene una explicación.

 

En entrevista con New Staterman, el experto afirmó que enero la “deja la impresión de que el tiempo se ha detenido, o que avanza más lento” a raíz de que, en comparación, es significativamente más aburrido que diciembre.

 

“El tiempo pasa más lento cuando es relevante. O sea, cuando se le está prestando más atención al tiempo, la gente tiende a sentir que no avanza”, afirmó por su parte un profesor de psicología en la Universidad de Tel Aviv.

 

La interacción de estos elementos crea una experiencia subjetiva única para cada individuo, y la ciencia continúa explorando las complejidades detrás de nuestra percepción del tiempo en el transcurso del año.

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