Redacción
Juan Sebastián Sosa
Este jueves 18 de junio falleció Dalita Navarro, viuda del expresidente Belisario Betancur y una de las figuras destacadas del arte contemporáneo en el país. Su obra dejó una huella significativa en la cerámica y las artes plásticas, con una producción marcada por la exploración simbólica de la tierra y la memoria. La artista, de origen venezolano y posteriormente nacionalizada colombiana, falleció a los 81 años en Bogotá.
Navarro fue reconocida en el ámbito del arte contemporáneo por su trabajo en cerámica, disciplina en la que desarrolló una obra con fuerte presencia en escenarios culturales nacionales e internacionales. La noticia fue confirmada por Martha Ortiz, exdirectora del Museo de Arte Moderno de Bogotá (Mambo), a través de una publicación en su cuenta de X.
Así se confirmó la muerte de Dalita Navarro y las reacciones del mundo cultural
La confirmación de la muerte llegó a través de Martha Ortiz, quien escribió un emotivo mensaje en sus redes sociales. “Dalita Navarro: la fuerza arrolladora de un alma libre, coherente e infinita. Artista, gestora cultural, mujer de mujeres. Mi amiga. Q.E.P.D.”, escribió Ortiz en su cuenta de X, junto a una fotografía de la artista.
Entre las reacciones a la noticia estuvo la del caricaturista y columnista Vladdo, quien destacó la trayectoria de Dalita Navarro y envió un mensaje de condolencia a sus familiares. “Acaba de fallecer en Bogotá Dalita Navarro, entrañable artista y gestora cultural venezolana de 81 años, que fue la segunda esposa del expresidente Belisario Betancur. Hará mucha falta. Un abrazo cariñoso a su familia”, señaló en la misma red social.
Durante años, el nombre de Dalita Navarro apareció inevitablemente ligado al de Belisario Betancur. La historia política del expresidente colombiano terminó proyectando una sombra sobre una mujer que llevaba décadas construyendo un camino propio en el mundo del arte. Sin embargo, basta recorrer su obra para descubrir que su legado no nació en los pasillos del poder, sino frente al barro, en el silencio del taller y en una búsqueda constante por convertir la cerámica en una forma de interpretar el territorio, la memoria y la identidad latinoamericana. Según recordó la revista Semana, se trató de una de las mujeres que construyó un puente entre las artes y la historia política colombiana.
¿Quién era Dalita Navarro y cómo construyó su legado en la cerámica contemporánea?
Nacida en Venezuela y posteriormente nacionalizada colombiana, Navarro encontró en la cerámica un lenguaje artístico que trascendió lo artesanal para convertirse en una forma de reflexión sobre la identidad y la relación del ser humano con su entorno. Su trabajo se caracterizó por el uso del barro como materia central para representar emociones, territorio y procesos de transformación.
Su trayectoria comenzó a consolidarse en Caracas durante la década de 1980. Allí dirigió la Galería Terracota, espacio dedicado a la promoción de la cerámica artística, y posteriormente estuvo al frente del Museo Jacobo Borges, desde donde impulsó el reconocimiento de distintas expresiones artísticas y apoyó el trabajo de numerosos creadores. Además de su labor como artista, participó en proyectos relacionados con la preservación del patrimonio cultural venezolano y promovió intercambios artísticos entre Venezuela y Colombia.

Entre sus exposiciones más relevantes se encuentra Las heridas y el llanto de la tierra, una serie que consolidó su nombre en escenarios culturales nacionales e internacionales. En esa propuesta abordó la relación entre el ser humano y la naturaleza a través de piezas de fuerte carga simbólica. Su obra fue exhibida en distintos espacios artísticos en Colombia y otros países, donde fue valorada por su enfoque conceptual y su capacidad de integrar elementos orgánicos con técnicas tradicionales de la cerámica contemporánea.
La obra de Dalita Navarro se caracterizó por establecer puentes entre las tradiciones ancestrales y las expresiones contemporáneas. En muestras como Dualidad, la artista exploró conceptos relacionados con la complementariedad y los contrastes presentes en distintas cosmovisiones indígenas, integrando referencias mitológicas y culturales en sus piezas cerámicas. Años después continuó profundizando en su vínculo con la arcilla, con la que también expresó su interés por regresar a lo esencial y encontrar en objetos cotidianos, como cuencos y vasijas, una conexión con los recuerdos y las experiencias humanas.
El vínculo entre Dalita Navarro y Belisario Betancur, su esposo durante casi dos décadas
En el plano personal, Navarro estuvo casada con el expresidente Belisario Betancur, con quien compartió parte de su vida hasta el fallecimiento del exmandatario en diciembre de 2018. Ese interés permanente por la cultura fue, precisamente, uno de sus puntos de encuentro. Tras concluir su paso por la Presidencia de la República, el exmandatario orientó buena parte de su vida pública hacia la literatura, la reflexión intelectual y la promoción de proyectos culturales.
La afinidad entre ambos surgió alrededor de esos intereses compartidos y desembocó en un matrimonio celebrado en el año 2000, dos años después del fallecimiento de Rosa Helena Álvarez, primera esposa del expresidente.
Navarro nunca abandonó su actividad artística: mientras él continuaba escribiendo, participando en foros internacionales y promoviendo el diálogo cultural, ella siguió desarrollando una obra profundamente conectada con la tierra, los elementos naturales y las raíces ancestrales de América Latina.

La naturaleza ocupó un lugar central en buena parte de sus series. Obras como Las heridas y el llanto de la tierra, Dualidad, Agua, en el principio o Viaje al corazón de la arcilla reflejaron una preocupación permanente por el deterioro ambiental, el equilibrio de los ecosistemas y la relación espiritual entre el ser humano y el paisaje. Su relación entre arte y política alcanzó uno de sus momentos más significativos con la creación de la Fundación Taller de Oficios de Barichara, impulsada junto a Belisario Betancur en 2006 con el propósito de preservar oficios tradicionales y transmitir conocimientos artesanales a nuevas generaciones.
Tras la muerte del expresidente, la artista mantuvo un perfil reservado y su presencia pública disminuyó, aunque continuó vinculada a iniciativas relacionadas con el patrimonio cultural y la cerámica. Con su fallecimiento en Bogotá, el sector cultural colombiano pierde a una de las voces más representativas de la cerámica contemporánea, cuyo legado permanece en colecciones y exposiciones que marcaron la evolución del arte en el país.
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