Redacción
Angélica González
El cierre del año suele traer una carga extra para muchas personas. Al cansancio acumulado se suman las presiones por los gastos de fin de año, los conflictos familiares y la incertidumbre laboral. En diciembre, este conjunto de factores puede hacer que el estrés se intensifique y afecte tanto la salud física como la emocional.
Los síntomas más frecuentes incluyen fatiga constante, irritabilidad, ansiedad, dolores de cabeza e insomnio. En algunos casos, el cuerpo empieza a manifestar el desgaste con molestias musculares y una sensación general de agotamiento que no desaparece con el descanso habitual.
Agotamiento físico y mental: una señal de alerta
Más allá del estrés común, existe un síndrome al que se le debe prestar especial atención: el burnout. A diferencia del estrés ocasional, el burnout es un proceso acumulativo que puede llevar a la persona a sentirse vacía, desmotivada y sin capacidad de respuesta ante las exigencias diarias.
Este estado de agotamiento físico, mental y emocional está relacionado principalmente con el estrés laboral crónico que no se ha gestionado de forma adecuada. Sin embargo, hoy en día no se limita solo al trabajo y se ha extendido a un cansancio social más amplio.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el burnout se caracteriza por un agotamiento extremo que se manifiesta como falta de energía o una fatiga persistente que no mejora con el descanso.
Síntomas más comunes del burnout
Las personas que atraviesan este tipo de desgaste pueden presentar varios signos de alerta, entre ellos:
• Sensación constante de cansancio físico y mental.
• Actitud negativa, distante o indiferente frente al trabajo y a los compañeros.
• Disminución marcada del rendimiento laboral.
• Problemas digestivos, tensión muscular y mayor frecuencia de enfermedades por baja inmunidad.
• Irritabilidad, ansiedad, falta de motivación y dificultad para concentrarse.
Reconocer estos síntomas a tiempo es clave para evitar que el agotamiento evolucione hacia problemas de salud más graves.
Estrategias para prevenir y manejar el agotamiento
Los especialistas recomiendan adoptar hábitos que ayuden a reducir el impacto del estrés y prevenir el burnout. Entre las principales medidas están desconectarse del trabajo fuera del horario laboral y durante los fines de semana, así como priorizar tareas mediante listas de “imprescindibles” y “deseables”.
También es importante aprender a delegar y a decir “no” cuando las demandas superan la capacidad personal. Establecer límites claros protege la salud mental y evita la sobrecarga constante.
La importancia de los horarios y las pausas activas
Durante la jornada laboral, las pausas activas deben ser una prioridad. Una técnica recomendada es el método Pomodoro, que consiste en trabajar 25 minutos y descansar 5. Este tipo de pausas permite “resetear” el sistema nervioso y mejorar la concentración a lo largo del día.
Además, mantener horarios definidos para el trabajo y el descanso contribuye a reducir la sensación de agotamiento continuo.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si el cansancio persiste a pesar del descanso y de los intentos por relajarse, lo más recomendable es buscar apoyo profesional. Consultar con un terapeuta puede ayudar a identificar las causas del agotamiento y prevenir que el problema evolucione hacia una depresión severa.
Dormir entre 7 y 9 horas, realizar actividad física de forma regular y mejorar la alimentación son hábitos básicos que, combinados con apoyo profesional cuando sea necesario, pueden marcar la diferencia para cerrar el año con mejor salud y bienestar.
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