Redacción
Juan Sebastián Sosa
La muerte de Willie Colón este 21 de febrero de 2026 no representa solo el fallecimiento de un artista consagrado, sino el cierre de uno de los capítulos más determinantes en la historia de la música latina. A los 75 años, el trombonista neoyorquino de raíces puertorriqueñas dejó una huella estructural en la evolución de la salsa, género que ayudó a redefinir desde sus bases urbanas y sociales.
Colón no fue simplemente un intérprete exitoso. Fue productor, arreglista, director de orquesta y arquitecto sonoro de una generación que encontró en la salsa un vehículo de identidad. Clásicos como Idilio, Gitana y El gran varón no solo marcaron listas de popularidad, sino que se convirtieron en relatos musicales que atravesaron fronteras y generaciones.
En sus últimos días, el artista permaneció hospitalizado en el Lawrence Hospital de Bronxville, Nueva York, luego de ser ingresado el 18 de febrero por un cuadro de salud delicado. Aunque la familia no detalló diagnósticos médicos específicos, su estado había generado preocupación entre allegados y miembros de la industria musical.
Distintos reportes señalaron que enfrentaba complicaciones que se agravaron progresivamente mientras permanecía bajo observación médica. Sin embargo, hasta ahora no existe un parte oficial que precise de manera definitiva la causa clínica de su fallecimiento.
Su muerte generó un impacto inmediato en el mundo cultural latino, donde su nombre no solo simboliza un repertorio inolvidable, sino también una etapa fundacional del género.

El mensaje de despedida de su familia
La confirmación oficial llegó a través de un comunicado que equilibró el dolor íntimo con la dimensión histórica de su legado. En el mensaje, sus allegados destacaron tanto la pérdida personal como la trascendencia artística que deja su obra.
“Es con profunda tristeza que anunciamos el fallecimiento de nuestro amado esposo, padre y renombrado músico, Willie Colón. Partió en paz esta mañana, rodeado de su amada familia. Aunque lloramos su ausencia, también nos regocijamos con el regalo eterno de su música y los recuerdos queridos que creó, los cuales vivirán por siempre”, expresaron.
El documento también subrayó el agradecimiento hacia quienes acompañaron el proceso: “Nuestra familia está profundamente agradecida por sus oraciones y apoyo durante este tiempo de duelo. Pedimos amablemente privacidad mientras navegamos por nuestro duelo”.

William Anthony Colón Román, nacido el 28 de abril de 1950 en el Bronx, fue despedido en un entorno familiar, lejos de los escenarios que marcaron su carrera pública. La familia optó por preservar la intimidad del momento y no profundizó en detalles médicos específicos.
El tono del comunicado dejó claro que, más allá del dolor, el legado musical del artista seguirá siendo el eje central de su memoria pública.
El mánager habló del deterioro de su salud
En conversación con Caracol Radio, Álvaro Gómez, mánager del artista en Colombia, ofreció un testimonio que permitió dimensionar la complejidad del estado de salud que enfrentaba el músico en los últimos meses.
Entre lágrimas, reconoció que la noticia los tiene “en shock, bastante golpeados”, pues estaban “esperando su pronta recuperación”. La esperanza de un retiro definitivo y tranquilo aún estaba presente en el entorno cercano del artista.
“A pesar de que sabíamos del tema de la diabetes, del pulmonar, del posiblemente renal –que estaba bastante complicado–, había una luz de esperanza de que de pronto se retirara de los escenarios definitivamente y siguiera una vida normal en su casa, con su moto, con su esposa”, relató.

También recordó el esfuerzo físico que implicaba cada presentación: “Fue en el último evento del maestro en la Feria de Cali, en un superconcierto. Como ya él estaba viviendo temas muy delicados con sus pulmones, el solo esfuerzo de hacer la voz de sus canciones y tocar un instrumento tan exigente como el trombón no era fácil”.
“Su mánager le decía: don Willie, pongamos a los mejores trombonistas y te dedico a cantar en los shows, pero para él era muy difícil eso”, agregó, evidenciando el compromiso artístico que mantuvo incluso en condiciones adversas.
Finalmente, Gómez resumió el impacto de su partida: “Quiero que lo recuerden con cada una de esas canciones hermosas que nos dejó. El tema político, el personal, el de sus trinos y sus convicciones políticas que lo tengan en cuenta, pero lo que más importa aquí es que se fue uno de los arquitectos de la salsa, uno de los más grandes, que ha dejado cimientos tan fuertes para este género que lleva más de 70 años con el favoritismo del público a nivel mundial”.
El legado musical que redefinió la salsa
Nieto de emigrantes puertorriqueños, Willie Colón creció en el barrio latino del Bronx, un entorno atravesado por migración, desigualdad y resistencia cultural. Ese contexto no solo moldeó su identidad personal, sino que definió el sonido que llevaría al mundo: una salsa urbana cruda, potente y profundamente conectada con la experiencia del emigrante caribeño en Nueva York.
Tras estudiar trompeta y clarinete, su admiración por Mon Rivera lo llevó a elegir el trombón a los 14 años, un instrumento que convirtió en protagonista dentro del género. En 1966 grabó El Malo, un debut que ya dejaba ver su intención de romper esquemas y que un año después, bajo el sello Fania, lo unió a la voz inconfundible de Héctor Lavoe.
Entre 1969 y 1975 grabó junto a Lavoe más de una docena de discos que se convertirían en referencias obligadas de la salsa urbana: Guisando, Cosa Nostra, El Juicio, Asaltos Navideños y The Good, The Bad, The Ugly, entre otros. Aquellos trabajos consolidaron lo que se denominó “sonidos del barrio”, una narrativa musical que retrataba la vida del emigrante puertorriqueño en la gran metrópoli.
En 1971 participó en el histórico concierto de las Estrellas de Fania, evento considerado el impulso definitivo del movimiento salsero en Nueva York. Ese mismo año, su interpretación de Piraña, compuesta por Tite Curet Alonso, lo catapultó como uno de los iconos del género.
A finales de los años setenta, su espíritu rebelde encontró un nuevo cauce junto a Rubén Blades en la llamada salsa conciencia. Con Metiendo mano (1977) y Canciones del Solar de los Aburridos (1982) —este último ganador de un Grammy—, Colón ayudó a transformar la salsa en un vehículo de denuncia política y reflexión social para América Latina.
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