Redacción Juan Sebastián Sosa

En un giro inesperado para el Gobierno, Laura Sarabia presentó su renuncia el jueves 3 de julio. La hasta ahora canciller argumentó en una carta que no podía acompañar decisiones recientes del presidente Gustavo Petro, a quien acompañó desde la campaña. El gesto fue interpretado como una muestra de desacuerdo profundo en medio de la crisis por la fabricación de pasaportes.

 

“Se trata de un rumbo que ya no me es posible ejecutar”, escribió Sarabia en la comunicación. La funcionaria, que también ocupó cargos como directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE) y del Departamento de Prosperidad Social (DPS), agradeció la oportunidad y expresó que su salida era por “coherencia personal y respeto institucional”.

 

“En los últimos días se han tomado decisiones que no comparto y que, por coherencia personal y respeto institucional, no puedo acompañar. No se trata de diferencias menores ni de quién tiene la razón. Se trata de un rumbo que, con todo el afecto y respeto que le tengo, ya no me es posible ejecutar”, señaló la escudera del mandatario desde la campaña presidencial. 

 

También aclaró: “Mi renuncia es el resultado de una reflexión profunda, motivada por la responsabilidad que siento con mi conciencia, con el país y con la forma en que entiendo el ejercicio del poder público. Me retiro con la tranquilidad de haber entregado lo mejor de mí y con la certeza de que hay momentos en los que decir adiós es también una forma de cuidar”, añadió. 

 

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Crisis de los pasaportes: el detonante de la salida de Sarabia

 

La renuncia de Sarabia se enmarca en la polémica por la adjudicación del contrato para fabricar los pasaportes colombianos. Hasta hace unos días, la Cancillería —por voz de Sarabia— había anunciado que renovaría el contrato con Thomas Greg & Sons por 11 meses, usando la figura de “urgencia manifiesta” para evitar que el servicio quedara suspendido a partir del 31 de agosto.

 

Sin embargo, la Casa de Nariño cambió de dirección. El presidente Gustavo Petro decidió que la fabricación debía pasar a manos de la Imprenta Nacional, en alianza con la Casa de la Moneda de Portugal. Esta decisión, promovida por Alfredo Saade, nuevo jefe de gabinete, generó choques internos y puso en duda la capacidad técnica de la Imprenta para asumir el reto.

 

 

Sarabia había defendido la necesidad de prorrogar el contrato vigente para garantizar la continuidad del servicio. Su antecesor, Luis Gilberto Murillo, ahora precandidato presidencial, la contradijo en redes sociales afirmando que existía un plan alternativo estructurado con Portugal desde 2024. Esto aumentó la presión pública y evidenció fisuras en la Cancillería.

 

En un consejo de ministros transmitido por televisión, Petro fue categórico: “No va a seguir Thomas Greg & Sons porque la licitación era fraudulenta”. Para muchos, fue una desautorización directa a Sarabia, quien días antes había defendido la prórroga. 

 

Las contradicciones dentro del Gobierno y el papel de Alfredo Saade

 

El protagonismo de Alfredo Saade, autodenominado pastor y actual jefe de gabinete, ha sido clave en esta crisis. Saade declaró a medios que era cuestión de horas firmar un acuerdo con la Casa de la Moneda de Portugal para que la Imprenta Nacional asumiera la fabricación de pasaportes. Esto, pese a los informes de la Cancillería que advertían que la entidad no estaba lista.

 

Según un documento conocido por Caracol Radio, el Ministerio de Relaciones Exteriores alertó que la Imprenta necesita al menos 35 semanas de capacitación y empalme para asumir el proceso sin fallas. Aun así, Saade insistió en que no se prorrogarían más las “urgencias manifiestas” y que el convenio con Portugal es la única vía.

 

La tensión aumentó cuando Sarabia buscó un encuentro con Petro para exponerle las dificultades técnicas y operativas. Fuentes cercanas aseguran que, tras esta reunión, Sarabia decidió renunciar al sentirse apartada de las decisiones clave.

 

 

Riesgos para la expedición de pasaportes y escenarios tras la renuncia

 

Con la renuncia de Sarabia, el futuro de la expedición de pasaportes en Colombia queda en entredicho. El contrato actual con Thomas Greg & Sons vence el 30 de agosto, y la transición a la Imprenta Nacional aún no tiene una fecha clara.

 

Expertos advierten sobre el riesgo de un posible desabastecimiento de pasaportes, un documento esencial para miles de colombianos que planean viajar. Además, la incertidumbre podría acarrear demandas contra el Estado si no se garantiza la prestación continua del servicio.

 

El consejo de ministros de Portugal aprobó en febrero el plan para transferir tecnología y montar una planta en Colombia en un plazo de 10 años. Pero este acuerdo no resuelve la urgencia inmediata de producir millones de pasaportes a partir de septiembre.

 

La salida de Sarabia expone una administración marcada por choques de criterios y decisiones abruptas. Mientras tanto, la opinión pública sigue de cerca los próximos pasos del Gobierno Petro en esta crisis.

 

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