Redacción Julián Dussán Bonilla

Mucha más de medio año ha pasado desde que Edwin Arrieta, un reconocido médico cirujano nacido en Córdoba, fuera presuntamente desmembrado por Daniel Sancho, con quien, se presume, mantenía un romance.

 

El caso ha sido de lo más enrevesado. La defensa jurídica del español – hijo del actor Rodolfo Sancho – se ha valido de todas las maniobras posibles para demostrar que su cliente no asesinó a sangre fría a Edwin Arrieta.

 

A pesar de que todos los indicios apuntan a que realmente eso fue lo que ocurrió, lo cierto es que la justicia tailandesa aún no logra emitir un veredicto que, de señalar a Sancho como culpable, podría ser incluso castigado con pena de muerte.

 

El complejo caso judicial se desarrolló en Tailandia entre mayo y agosto de 2024. Durante el juicio oral, se presentaron como pruebas los resultados de la autopsia, testimonios de testigos y la impactante confesión de Sancho.

 

La fiscalía tailandesa, representada por Nanthawan  Bunchuwieng, presentó un conjunto de pruebas que, según ellos, demostraban la premeditación del crimen. Detallaron que Sancho había comprado un cuchillo y que había realizado búsquedas en internet sobre cómo deshacerse de un cuerpo.

 

Así vive Daniel Sancho en una cárcel tailandesa

 

Daniel Sancho abandona la comisaría tailandesa para ser puesto bajo  disposición judicial | Público

 

Según Javier Casado, director de la ‘Fundación +34’ – que se encarga de trabajar con españoles presidiarios en cárceles de todo el mundo – las condiciones en las que vive Daniel Sancho son sumamente complejas.

 

Para dimensionar un poco el porqué, el directivo se remite a una cifra que impresiona: en Tailandia hay una población de 300 mil presos, mientras que, en España, país que tiene el doble de población, hay solo 50 mil.

 

La rutina dentro del centro carcelario de Sancho empieza a las 6 de la mañana y concluye a las 9 de la noche. Su celda tiene un tamaño similar al de “media cancha de tenis (diez metros por diez metros)”: “en este lugar hay entre cincuenta o sesenta personas, y en una esquina, hay un agujero en el que tienen que hacer todas sus necesidades antes de abandonar la celda”, añadió.

 

“Una vez que salen, se dirigen al recuento, toman un poco de arroz de desayuno y tratan de pasar el día de la mejor forma posible porque en el patio se produce el mismo hacinamiento que hay dentro de la celda”, comentó Casado.

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