Redacción
Juan Sebastián Sosa
El secuestro de Lyan José Hortúa, de 11 años, ocurrido en Jamundí, Valle del Cauca, generó una ola de indignación en todo el país. En un principio, las autoridades hablaban de un caso de extorsión contra una familia con un negocio de joyas. Sin embargo, la historia detrás del rapto reveló algo más profundo y peligroso.
Con el paso de los días, salieron a la luz nuevos detalles que mostraban que este no fue un secuestro cualquiera. La revista Semana reveló que, en realidad, todo habría sido producto de un ajuste de cuentas entre bandas criminales del Valle. El niño fue víctima de un error dentro de una venganza entre narcotraficantes.
Según las versiones más recientes, los secuestradores buscaban en realidad a la madre o al padrastro del menor. Al no encontrarlos, se llevaron al niño, sin saber que terminarían encendiendo una alerta nacional. La estructura armada que cometió el secuestro fue la disidencia Jaime Martínez, que luego reconoció que fue un “error”.
El niño estuvo 18 días retenido y finalmente fue liberado sano y salvo. Pero detrás del drama familiar, emergió una historia relacionada con el narcotráfico, una deuda millonaria y el oscuro legado de un hombre conocido como alias ‘Mascota’.

Un pasado criminal que marcó al niño sin saberlo
José Leonardo Hortúa, alias ‘Mascota’ o ‘Mochacabezas’, fue el padre biológico de Lyan. Era un temido integrante de la banda criminal Los Rastrojos, liderada por alias ‘Diego Rastrojo’. Su apodo reflejaba la brutalidad con la que operaba el grupo: solían desmembrar a sus víctimas.
Alias ‘Mascota’ fue asesinado en 2013, poco antes del nacimiento de Lyan. Estaba en una cita odontológica en Cali cuando dos sicarios ingresaron al consultorio y le dispararon a quemarropa. Había sido capturado en 2010 durante una reunión de capos, pero un año antes de morir obtuvo casa por cárcel por una supuesta enfermedad.
El diario El Tiempo informó en su momento que Hortúa era considerado uno de los herederos de ‘Diego Rastrojo’. Según fuentes policiales, además de sus vínculos con alias ‘Guacamayo’, ‘Alacrán’ y ‘Pipe Tuluá’, Hortúa habría administrado dinero y propiedades del capo, que quedaron en manos de Angie Bonilla, madre de Lyan.

Un secuestro como venganza de una deuda narco
El trasfondo del secuestro de Lyan se habría originado por una deuda de 37 mil millones de pesos que Diego Rastrojo le estaría cobrando a Angie Bonilla, según información obtenida por Semana. Los bienes que alguna vez pertenecieron a la organización no habrían sido entregados tras la muerte de ‘Mascota’.
Al no encontrar a Angie Bonilla ni a Josua Suárez, su actual pareja, los secuestradores decidieron llevarse al niño. “Todo fue un error”, reconocieron miembros de la estructura Jaime Martínez, que habrían sido contratados por emisarios de Rastrojo para presionar el pago.
Durante el tiempo que el niño estuvo en cautiverio, la familia aseguró sentirse sola. Según declaraciones del tío, Sebastián Bonilla, “la ayuda del Estado nunca llegó”. Por eso, tomaron la decisión de negociar directamente con los captores y pagar el rescate.

El millonario rescate y un crimen sin respuesta
Aunque la familia no reveló el monto exacto del pago, el diario El Tiempo informó que el rescate fue cercano a los 4 mil millones de pesos. El dinero fue entregado en efectivo por un primo del padrastro del niño, en una operación que se pactó directamente con los secuestradores.
Pero cuando todo parecía haber terminado, ocurrió un nuevo golpe. Horas después de que Lyan fue liberado, el primo que entregó el dinero fue asesinado a tiros. Según se conoció, fue interceptado por sicarios en lo que sería un nuevo ajuste de cuentas vinculado al mismo conflicto.
El asesinato del emisario dejó claro que la historia no había terminado con la liberación del niño. Para la familia, empezó una nueva etapa de miedo, silencios y amenazas. La suma pagada habría sido apenas un primer abono de la deuda total, según fuentes oficiales.
Por esta razón, tanto la Defensoría del Pueblo como la Cruz Roja actuaron con extrema cautela durante la liberación del menor. No hubo operativos armados ni confrontaciones. El caso se manejó como una entrega vigilada, sin intervención directa de la Policía.
El caso Lyan Hortúa destapó el lado más oscuro de una historia que parecía cerrada. La sombra de alias ‘Mascota’, su padre, todavía pesa sobre la familia. Hortúa no solo fue heredero de Diego Rastrojo, sino también padrino de ‘Pipe Tuluá’, hoy líder de La Inmaculada y recluido en La Picota.
Los vínculos con este tipo de figuras hacen que el entorno familiar esté bajo constante amenaza. Según Semana, las autoridades están al tanto del riesgo que representa este caso para toda la región.
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