Redacción
Juan Manuel Capera
La celebración de la Novena de Navidad representa una significativa tradición cristiana que goza de amplio reconocimiento en todo el mundo.
Este ritual simbólico rinde homenaje a la encarnación de Jesús, quien para los cristianos es el hijo de Dios y Dios mismo, abarcando desde su concepción en el vientre de María hasta su nacimiento.
Cada uno de los nueve días de la novena se dedica a explorar un aspecto distinto de esta parte crucial de la historia, lo que motiva a numerosas familias a reunirse alrededor del pesebre para rendir culto a Dios y a su hijo, al mismo tiempo que se preparan para la festividad de la Navidad.
Es importante destacar que la Novena de Navidad se lleva a cabo exclusivamente durante nueve días, que transitan desde el 16 hasta el 24 de diciembre.
En esta tradicional Novena de Navidad, se sigue un orden específico que comienza el día 1, abordando la correspondiente consideración para cada día.
Esto implica reflexiones sobre eventos clave como la Anunciación del Ángel a María, y abarca elementos esenciales como la oración diaria, la invocación a la Virgen María, las plegarias dirigidas a San José, los gozos y, finalmente, la oración dedicada al Niño Jesús. Este orden estructurado guía a los participantes a través de una experiencia contemplativa y reflexiva que culmina en la celebración del nacimiento de Jesús en la víspera de Navidad.
Consideración del día primero
En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre en lo más alto de los cielos: allí era la causa, a la par que el modelo de toda creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad, permanecía el Niño de Belén.
Allí es donde debemos datar la genealogía del Eterno que no tiene antepasados, y contemplan la vida de complacencia infinita que allí llevaba. La vida del Verbo Eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa y sin embargo, misterio sublime, busca otra morada en una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin Él no podría verificarse.
Oración para todos los días
Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.
En torno a él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en su pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.
Posteriormente, los cristianos católicos rezan la oración a San José, y a María, así como el "Dios te salve, María".
Gozos
Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, que al nivel de un niño te hayas rebajado!
¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
Es importante destacar que, si bien la novena de aguinaldos es una tradición que tiene su origen en la Iglesia Católica Romana, hay muchos cristianos no católicos, como los evangélicos y protestantes, que también se reúnen en los días previos a la navidad para prepararse para recordar el nacimiento de su salvador.
Una de las principales diferencias entre católicos y protestantes en torno a la navidad es que estos últimos no rinden culto a la Virgen María, a quien consideran una figura importante, y un ejemplo de fe y confianza en Dios, pero no la adoran ni le rezan.
Sin embargo, lo que une a las diferentes ramas del cristianismo es la fe en Jesucristo, Dios hecho hombre, cuya encarnación se celebra en la navidad.
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