Redacción Angélica González

Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha clave para visibilizar una enfermedad crónica que ya afecta a más de 1.000 millones de personas en el planeta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

 

Esta condición, lejos de ser solo un asunto estético, se ha convertido en uno de los mayores desafíos sanitarios y sociales de nuestro tiempo por su impacto en la salud, la economía y la calidad de vida de millones de familias.

 

 

Qué es la obesidad y por qué es una enfermedad crónica

 

La obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por un exceso de grasa corporal que afecta negativamente la salud. Suele diagnosticarse a través del índice de masa corporal (IMC) y la medición de la circunferencia de la cintura, herramientas recomendadas por la OMS para identificar el riesgo metabólico y cardiovascular. No se trata solo de “peso de más”, sino de una alteración compleja del organismo que aumenta de forma importante la probabilidad de desarrollar otras enfermedades.

 

Desde 1975, la prevalencia de sobrepeso y obesidad se ha triplicado en el mundo, alcanzando cifras récord. La OMS estima que en 2022 había alrededor de 2.500 millones de adultos con sobrepeso y, de ellos, más de 890 millones vivían con obesidad, lo que representa cerca del 43% de la población adulta mundial, frente al 25% registrado en 1990. Este aumento sostenido se traduce en un impacto económico elevado por mayor uso de servicios de salud, pérdida de productividad y discapacidad.

 

 

La obesidad en América Latina: una región en alerta

 

En América Latina y el Caribe, la situación es especialmente preocupante. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), casi el 60% de los adultos y el 33% de los menores de edad viven con sobrepeso u obesidad. Esto significa que más de la mitad de la población convive a diario con un factor de riesgo que puede desencadenar diabetes tipo 2, hipertensión, infartos, accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer.

 

La región de las Américas es, de hecho, la que registra la mayor proporción global de sobrepeso: alrededor del 67% de los adultos tienen un peso por encima de lo recomendado. Esta tendencia afecta a todos los grupos de edad y refleja cambios profundos en los patrones de alimentación, el estilo de vida y el entorno urbano.

 

 

Obesidad infantil y adolescente: una bomba de tiempo

 

La obesidad infantil se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la comunidad científica. Para 2024, se estimaba que 35 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso, aproximadamente la mitad de ellos en Asia. En el grupo de 5 a 19 años, en 2022 había más de 390 millones de niñas, niños y adolescentes con sobrepeso, lo que triplicó el porcentaje desde 1990 hasta alcanzar el 20% de esta población.

 

Dentro de ese grupo, alrededor del 8% vivía con obesidad, una cifra cuatro veces mayor que la reportada en 1990. Estas tendencias muestran que los problemas de peso empiezan cada vez a edades más tempranas, lo que implica mayor riesgo de enfermedades crónicas a lo largo de la vida y una carga emocional significativa en la niñez y la adolescencia.

 

 

Causas de la obesidad: una enfermedad multifactorial

 

Lejos de ser un “problema de fuerza de voluntad”, la obesidad es una enfermedad multifactorial. La OMS y la OPS destacan que surge de la interacción entre factores biológicos, sociales y ambientales:

 

  • Genética y neurobiología: algunas personas tienen mayor predisposición a acumular grasa, a sentir más apetito o a gastar menos energía en reposo.
  • Conducta alimentaria y entorno: la alta disponibilidad de productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y comida rápida, sumada a un marketing agresivo, dificulta seguir una dieta saludable.
  • Estilo de vida sedentario: la urbanización, el trabajo de oficina y el tiempo frente a pantallas reducen la actividad física diaria.
  • Factores socioeconómicos: vivir en barrios sin espacios seguros para hacer ejercicio o con acceso limitado a frutas, verduras y alimentos frescos incrementa el riesgo.
  • Medicamentos y enfermedades: ciertos fármacos, trastornos hormonales, el envejecimiento, el estrés crónico y los hábitos familiares también influyen.

 

Instituciones como Mayo Clinic, Harvard Health Publishing y Cleveland Clinic subrayan el papel de la llamada “transición nutricional” en países de ingresos bajos y medios: se ha pasado de dietas tradicionales a otras más baratas pero ricas en azúcar, grasas y sodio, especialmente en contextos urbanos y de menores ingresos.

 

 

Consecuencias en la salud física y mental

 

La obesidad se asocia con una larga lista de complicaciones. Entre las más frecuentes se encuentran:

 

  • Diabetes tipo 2.
  • Enfermedades cardiovasculares (infartos, insuficiencia cardiaca, accidentes cerebrovasculares).
  • Hipertensión arterial.
  • Hígado graso y otros trastornos metabólicos.
  • Algunos tipos de cáncer, como el de colon, mama o endometrio.

 

La OMS calcula que, en 2021, el sobrepeso y la obesidad estuvieron relacionados con al menos 3,7 millones de muertes en todo el mundo. Sin embargo, las consecuencias no son solo físicas. Mayo Clinic advierte que la obesidad suele afectar la calidad de vida, la autoestima y la salud mental, provocando ansiedad, depresión y dificultades en las relaciones sociales.

 

Además, la estigmatización y la discriminación son frecuentes: muchas personas con obesidad enfrentan burlas, prejuicios y barreras en entornos escolares, laborales y sanitarios. En el caso de niños y adolescentes, estas experiencias pueden dejar huellas emocionales profundas y afectar su rendimiento académico y su desarrollo social.

 

 

Cómo prevenir y abordar la obesidad

 

La prevención de la obesidad requiere acciones coordinadas en distintos niveles: individual, comunitario y gubernamental. La OMS y la OPS plantean varias estrategias clave:

 

  • Promover el consumo diario de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas de buena calidad.
  • Reducir la oferta, el consumo y la publicidad de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados, especialmente dirigidos a niñas y niños.
  • Fomentar la actividad física regular en colegios, lugares de trabajo y espacios públicos, incluyendo caminar, montar en bicicleta y practicar deportes.
  • Crear entornos escolares saludables, con comedores que ofrezcan alimentos nutritivos y políticas que limiten la venta de comida chatarra.
  • Impulsar políticas públicas que favorezcan la alimentación saludable, el etiquetado claro de los productos y los impuestos a bebidas azucaradas o alimentos de muy bajo valor nutricional.

 

 

En cuanto al tratamiento, los especialistas recomiendan abordajes individualizados que pueden incluir:

 

  • Cambios en la alimentación, guiados por profesionales de la salud.
  • Aumento progresivo de la actividad física, adaptada a la condición de cada persona.
  • Acompañamiento psicológico para trabajar la relación con la comida, la imagen corporal y el manejo del estrés.
  • Uso de medicación en casos seleccionados, siempre bajo supervisión médica.
  • Cirugía bariátrica para personas con obesidad severa y comorbilidades, cuando otros tratamientos no han sido suficientes.

 

Las directrices internacionales insisten en que los medicamentos y la cirugía no reemplazan los cambios de hábitos, sino que forman parte de un manejo integral que debe incluir soporte continuo y seguimiento.

 

 

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