Redacción Julián Dussán Bonilla

El cáncer de tiroides es una enfermedad que se desarrolla en las células de la glándula tiroides, ubicada en la parte frontal del cuello, justo debajo de la laringe. Esta glándula produce hormonas que regulan el metabolismo del cuerpo. Cuando las células de la tiroides se vuelven cancerosas, comienzan a crecer de manera descontrolada, formando un tumor.

 

¿Cuáles son los síntomas del cáncer de tiroides?

 

Los síntomas del cáncer de tiroides pueden variar y, en las primeras etapas, a menudo no causan molestias. Sin embargo, a medida que el tumor crece, pueden aparecer los siguientes signos:

 

Un bulto en el cuello: este es el síntoma más común y puede ser indoloro.

Dificultad para tragar: esto ocurre cuando el tumor presiona el esófago.

Dificultad para respirar: si el tumor comprime la tráquea.

Ronquera persistente: causada por la presión del tumor sobre las cuerdas vocales.

Dolor en el cuello o la garganta: aunque no siempre está presente.

Ganglios linfáticos inflamados en el cuello.

 

Es fundamental recordar que estos síntomas también pueden ser causados por otras afecciones menos graves. Si nota alguno de estos signos, es esencial consultar a un médico para un diagnóstico preciso.

 

¿Quiénes son más propensos a sufrir cáncer de tiroides?

 

 

Según la Biblioteca Nacional de Estados Unidos, hay algunos factores que podrían generar que una persona sea más propensa a desarrollar esta delicada enfermedad.

 

Exposición a la radiación: las personas que han recibido radioterapia en la cabeza y el cuello, especialmente en la infancia, tienen un mayor riesgo.

 

Historia familiar: si tiene antecedentes familiares de cáncer de tiroides, especialmente el tipo medular, su riesgo aumenta.

 

Sexo: las mujeres tienen un riesgo ligeramente mayor que los hombres.

 

Edad y raza: tener entre 25 y 65 años, además de ser asiático.

 

Deficiencia de yodo: en algunas regiones con deficiencia de yodo, el riesgo de ciertos tipos de cáncer de tiroides puede ser mayor.

 

Síndromes genéticos: ciertos síndromes hereditarios, como el síndrome de Cowden y el carcinoma medular familiar, aumentan el riesgo.

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