No hay marca más representativa de la Navidad que los villancicos, son el soundtrack oficial de una de las épocas más esperadas del año. Cada diciembre, estas melodías populares invaden hogares, negocios, calles y redes sociales, anunciando la llegada de una de las festividades más festejadas.
Estas canciones se relacionan directamente con el nacimiento de Jesús y conmemoraciones religiosas. Su origen se remonta a España, donde contaban historias sencillas. Con el tiempo, cruzaron el océano y llegaron a América Latina, adaptándose a los ritmos, lenguas y costumbres de cada país.
Entre las más queridas está ‘Mi Burrito Sabanero’, un villancico que muchos asocian con México por su popularidad, pero que en realidad nació en Venezuela en 1972, compuesto por Hugo Blanco e inspirado en la tradición del aguinaldo venezolano.
“Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén”, es la frase que conecta con la infancia, la fe y la ilusión de millones de personas cada Navidad. Su ritmo alegre y su letra sencilla han convertido a esta canción en una favorita infaltable.
El villancico ha sido interpretado por artistas de toda América Latina, desde Simón Díaz, Juanes y Elvis Crespo, hasta el español David Bisbal. Sin embargo, ninguna versión ha sido tan recordada como la de La Rondallita, grabada en 1975.
Así nació la versión más famosa de ‘Mi Burrito Sabanero’
“Cuando en el año 1975, el maestro Hugo Blanco compone la canción del Burrito Sabanero, primero la canta el reconocido músico, también venezolano, Simón Díaz”, relató Aguasanta Márquez, directora del Coro Infantil Venezuela, a BBC Mundo.
“Pero a Hugo Blanco le pareció que sonaba mejor en las voces de unos niños, voces infantiles”, agregó. Fue entonces cuando contactó al Coro Infantil y a su director, Raúl Cabrera, para grabar la canción con La Rondallita.
Fue Ricardo Cuenci, un niño venezolano, quien prestó su voz para la versión más famosa del villancico. “Recuerdo que estábamos grabando con el Coro Infantil Venezuela en un estudio. Estaba Hugo Blanco, estaba Raúl Cabrera y yo escuché la canción que había grabado Simón Díaz”, le dijo Cuenci a la BBC.
“Y yo me puse a tararear en los pasillos del estudio y a cantar El Burrito Sabanero. Entonces salen y escuchan lo que estoy cantando [...] Y como yo sabía que tenía cómo cantarlo, la canté [...] Incluso se tuvo que grabar como el Burrito Tabanero, porque yo no sabía pronunciar la S. Y así quedó”, relató.
La canción, con la voz de Ricardo, fue distribuida por Cabrera, quien la promovió en rockolas y tiendas de discos en toda Venezuela. Su éxito fue inmediato y llegó rápidamente a Caracas y, más adelante, a otros países como Puerto Rico.
Aunque Ricardo no participó en la primera gira internacional de La Rondallita, fue invitado a una segunda gira donde cantaron en hoteles, parques, zoológicos y diferentes escenarios.“¡Se viajó! Hicimos dos viajes [...] En donde nos pidieran, cantaba”, dijo.
Pero no todo fue alegría: “Tuvimos problemas con el manager o el patrocinante [...] Incluso tuvimos problemas con un hotel, nos sacaron del hotel y tuvieron que comprarnos ropa para poder cantar en otro sitio”.
Pese a la fama, Ricardo contó que nunca recibió regalías: “Nunca se nos pagó ni un bolívar partido por la mitad, ni a mí ni a mis compañeros de La Rondallita”.
El legado de Ricardo Cuenci y La Rondallita
Aunque su experiencia con el grupo fue corta y difícil, Ricardo Cuenci nunca se alejó del todo de la música. Aprendió, estudió y hoy trabaja en el área de publicidad, pero sigue en contacto con sus excompañeros del coro.
Gracias a la vigencia de ‘Mi Burrito Sabanero’, ha considerado grabar una nueva versión con el mismo espíritu de hace décadas. Hoy, con el apoyo de su familia, mira hacia atrás con gratitud.
“Que cada niño en el mundo escuche esa canción y se llene de alegría a mí me llena un montón”, afirmó. Y esa frase resume el impacto de un villancico que traspasó fronteras, generaciones y contextos, para convertirse en parte esencial de la Navidad.
‘Mi Burrito Sabanero’ sigue siendo uno de los villancicos más escuchados del mundo cada Navidad y su historia, marcada por la inocencia, la música y la nostalgia, sigue generando emoción cada vez que suenan los primeros acordes.
Este legado, nacido en Venezuela en 1972, demuestra que una canción sencilla puede convertirse en parte del corazón navideño de millones.