Redacción
Juan Sebastián Sosa
Cada 31 de diciembre, cuando el reloj se acerca a la medianoche, millones de personas en Colombia y otros países de habla hispana se preparan para uno de los rituales más emblemáticos del Año Nuevo: comer las 12 uvas. Aunque a simple vista parece una tradición sencilla, para muchos representa un momento cargado de intención, reflexión y esperanza por lo que está por venir.
Este ritual marca el cierre simbólico del año que termina y el inicio de uno nuevo lleno de propósitos. Cada uva se asocia con un deseo, una meta o una intención personal para los próximos doce meses, lo que convierte este acto en una pausa consciente para pensar en la vida, los sueños y los cambios que se desean atraer.
La costumbre indica que se debe comer una uva por cada campanada que suena a la medianoche del 31 de diciembre. Al ritmo del reloj, las personas concentran su pensamiento en aquello que desean fortalecer o transformar en el nuevo ciclo, sin decirlo en voz alta y con plena atención en el momento.
Aunque la mayoría de los colombianos practica este agüero año tras año, pocos conocen su verdadero origen. Detrás de las 12 uvas existe una historia que mezcla ironía, comercio, cultura popular y una tradición que cruzó océanos hasta arraigarse en América Latina.

El origen de la tradición de las 12 uvas
El ritual de las 12 uvas tiene sus raíces en España y se remonta al siglo XIX. En esa época, algunas familias de la burguesía española, influenciadas por costumbres francesas, celebraban la llegada del Año Nuevo con champaña y uvas, una práctica asociada al estatus y a la clase alta.
Con el paso del tiempo, esta celebración llamó la atención de los habitantes de Madrid, quienes comenzaron a reunirse en la Puerta del Sol para escuchar las campanadas de medianoche. Allí, imitando —y en muchos casos burlándose— de las costumbres de la élite, comían uvas como parte del festejo.
El periodista estadounidense Jeff Koehler, en su libro España, explica que esta práctica nació inicialmente como una mofa hacia la aristocracia. Según recoge en un artículo para la cadena radial estadounidense NPR: “Poco tiempo después, esta costumbre fue adoptada por ciertos madrileños que iban a la Puerta del Sol para oír las campanas de la medianoche y, muy probablemente con ironía o como burla, comer uvas al igual que la clase alta”.

Con los años, lo que comenzó como una sátira se convirtió en una tradición popular. Los medios impresos y los tabloides ayudaron a difundir la práctica, consolidándola como un ritual de Año Nuevo en España y, posteriormente, en los países de América Latina.
Una segunda teoría, también documentada por Koehler, sitúa el origen en 1909, cuando productores de uva en Alicante enfrentaron una cosecha excedente de uvas blancas Aledo. Para venderlas, las promocionaron como las “uvas de la buena suerte”, una estrategia que, según la BBC y el diario español La Vanguardia, terminó convirtiéndose en una costumbre nacional que cruzó el Atlántico.
¿Qué pedir con cada una de las 12 uvas?
Aunque no existe una regla estricta sobre qué pedir con cada uva, muchas personas siguen una guía simbólica relacionada con aspectos fundamentales de la vida. Este ritual no se trata solo de pedir deseos, sino de comenzar el año con claridad, intención y propósito.
A continuación, un listado unificado de 12 deseos que suele utilizarse durante las campanadas de medianoche:
Salud: bienestar físico y emocional para afrontar el año con energía.
Dinero: estabilidad económica y prosperidad para cumplir metas personales y familiares.
Amor: fortalecer relaciones, atraer nuevas oportunidades afectivas y cultivar armonía.
Trabajo: estabilidad laboral, crecimiento profesional o nuevas oportunidades.
Éxito: avanzar en estudios, proyectos y objetivos personales.
Viajes: oportunidades para conocer nuevos destinos y vivir nuevas experiencias.
Paz: tranquilidad interior y armonía en las relaciones personales.
Alegría: disfrutar la vida con gratitud, risas y momentos felices.
Sabiduría: tomar decisiones acertadas y aprender de cada experiencia.
Generosidad: cultivar la bondad y el apoyo hacia los demás.
Familia: salud, unión y bienestar para los seres queridos.
Sueño personal: el deseo más íntimo, reservado solo para usted.
Cada uva se come en silencio, concentrándose en el deseo correspondiente y visualizando su cumplimiento a lo largo del año.
Un ritual que va más allá de los deseos
Más allá de las peticiones individuales, comer las 12 uvas es un ritual que fortalece los lazos familiares y comunitarios. Es un momento compartido que invita a la reflexión, al agradecimiento y a la esperanza colectiva de un mejor comienzo.
Muchas personas acompañan este momento con una oración breve para enfocar su mente y darle sentido espiritual al ritual. Una de las más utilizadas es: “Agradezco por el año que termina y por todo lo aprendido. Recibo el nuevo año con esperanza, claridad y confianza. Que no falte la salud, el trabajo, la tranquilidad y el amor en mi vida y en la de quienes quiero. Amén”.
No es necesario realizar el ritual de manera perfecta ni apresurada. Lo verdaderamente importante es estar presente, vivir el momento con intención y cerrar el año con una actitud positiva, confiando en que el nuevo ciclo traerá nuevas oportunidades.
Así, las 12 uvas no solo representan deseos, sino también la voluntad de empezar el Año Nuevo con propósito, esperanza y la convicción de que siempre es posible construir algo mejor.
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