Redacción Juan Sebastián Sosa

La científica chilena Dafne Crutchik, doctora en ingeniería química y ambiental y profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez, está trabajando en una nueva y sencilla para extraer el fósforo de la orina y así crear fertilizantes. 

 

Con ese objetivo, los colaboradores de Crutchik le hacen un inusual pedido a sus amigos y familiares dos veces al año: que les donen orina, líquido del cual extraen fósforo, un mineral escaso y clave para crear los fertilizantes. 

 

Hace ya un tiempo, el uso del fósforo -que se ha obtenido tradicionalmente de los depósitos minerales- se ha vuelto muy popular para aumentar el rendimiento de los cultivos. Su producción se concentra en países como China, Marruecos y Estados Unidos. 

 

Además, la guerra en Ucrania disparó el precio de los fertilizantes y sus componentes, como lo es el fósforo: una tonelada de fósforo pasó de cotizarse de 276 dólares en 2021 a 938 dólares al año siguiente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

 

¿Cómo es el procedimiento? 

 

El experimento chileno mezcla agua de mar (que aporta magnesio) con la orina que reciben de sus familiares y amigos e, incluso, la de los cinco miembros del equipo de investigación. El equipo de la doctora Crutchik está conformado por dos estudiantes de pregrado y otros dos de posgrado.

 

La mezcla la dejan algunos días de reposo y, posteriormente, de la combinación de los líquidos surge lo que es conocido como “precipitación del fósforo”: se trata de la solidificación del mineral en cristales de color blanco del tamaño de un grano de arena. Así, la orina ya está lista para ser usada como fertilizante. 

 

Solo 500 gramos de los cristales podrían llegar a fertilizar hasta una tonelada de tierra para cultivar, por ejemplo, tomates. 

 

¿De qué depende la cantidad de cristales? Básicamente, de la calidad del líquido o los nutrientes que contenga. Es distinto si la orina es “fresca” o si es la primera del día.

 

En uno de los experimentos, se utilizaron cuatro litros y medio de orina y 250 mililitros de agua de mar para producir unos 80 gramos de cristales, explicó la científica. 

 

“Hay muchos que no quieren donar o tienen vergüenza. No están informados y eso hace que den un paso atrás. (…) Esto es algo útil y que nos ayudará a todos en un futuro”, aseguró Amparo Henríquez, una de las colaboradoras.

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