Redacción Juan Sebastián Sosa

El pasado 27 de julio, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, una abogada fue agredida por un empresario por ocupar una silla vacía en la sala de espera número 9. El hombre, identificado como Héctor Favio Santacruz Marulanda, reclamó la silla alegando que la estaba ocupando junto a su esposa, aunque no portaba objetos que la reservaran.

 

Según la abogada y víctima, ella solo buscaba terminar tareas laborales desde su computador. Cuando el agresor le reclamó, ella respondió que no había ninguna persona y ningún objeto ocupando la silla. Poco después, Santacruz la amenazó con decirle: “se levanta o la levanto”, elevando el tono y bloqueando su espacio de trabajo.

 

La agresión se tornó física cuando el hombre le arrebató el teléfono, lo derribó y le propinó un fuerte golpe en el rostro. La víctima corrió la mano con tal fuerza que le arrancó un arete. Tras el lamentable acto violento, la mujer perdió conocimiento momentáneamente, confirmaron algunos testigos.

 

La víctima presentó una demanda por lesiones personales y perturbación física, mientras que Santacruz fue arrestado. Por el momento, no se ha pronunciado públicamente sobre los eventos, aunque familiares cercanos señalaron que no ofrecerá declaraciones.

 

La situación generó repercusiones inmediatas en redes sociales y medios, donde se exige justicia para la agredida y reflexión sobre comportamientos agresivos.

 

Agresión contra una mujer en el aeropuerto El Dorado

 

La esposa del agresor rompe silencio: dolor, rechazo y responsabilidad

 

En medio de la creciente polémica, Carolina Bautista Loaiza, esposa de Héctor Favio Santacruz Marulanda, publicó un video en las redes sociales de la empresa familiar. En él, se refirió con dolor a lo sucedido: “La persona que aparece agrediendo físicamente a una mujer es mi esposo. Y no saben cuánto me duele decir esto en voz alta. Y realmente me duele como mujer, como mamá, como fundadora de Khala, porque todo esto va en contra de lo que queremos de lo que hemos venido trabajando durante muchos años. Y aunque no fue dentro de la empresa, no fue dentro de las actividades internas, hay un vínculo. Hay personas que lo han relacionado con nuestra marca y por eso estoy aquí”.

 

Aunque dejó claro que no aprueba la conducta de su esposo, reconoció la dificultad de enfrentarlo públicamente: “Sé que cuando pasan cosas así, es fácil señalar, opinar y cancelar. Pero también sé que muchos en algún momento de nuestra vida nos hemos equivocado. Pero como dice ese viejo refrán, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Esto no quiere decir que está bien, porque no lo está. No, no lo justifico, no lo apruebo y no me quedo callada. Lo rechazo desde lo más profundo porque creo en la dignidad, en el límite y el respeto”.

 

 

Más adelante, reiteró que su esposo debe asumir las consecuencias legales de su acción y que ella también asume las suyas: “Él asumirá las consecuencias de lo que hizo porque toda acción tiene consecuencias, pero hoy yo también estoy aquí asumiendo lo que me toca como mujer, como esposa, como mamá y como dueña de esta marca”.

 

Con sus palabras, la esposa del agresor deja en claro su postura de desaprobación y se distancia de los hechos, sin dejar de reconocer su vínculo personal. La intervención ha sido ampliamente comentada en redes sociales, generando tanto apoyo como críticas.

 

Implicaciones legales y sociales del hecho en un espacio público

 

El ataque a la víctima se convirtió en un caso muy comentado de violencia en espacios públicos, en este caso un aeropuerto. La Fiscalía ya lo investiga por lesiones personales, un delito que puede conllevar sanción penal. La denuncia se encuentra en curso ante las autoridades competentes.

 

Este tipo de agresión, realizada frente a testigos y con daño físico, puede agravar la calificación jurídica. Además de las lesiones, se examinan posibles delitos conexos como incitación al desorden público o violencia de género.

 

Agresión en aeropuerto El Dorado

 

La reacción pública y mediática también ha sido relevante: la ciudadanía ha exigido que se respete el debido proceso y que se sancione al agresor. El caso hace visibles patrones de comportamiento intimidatorio. 

 

Este incidente debería servir como alerta para reforzar protocolos de convivencia en aeropuertos y zonas públicas, y promover campañas contra comportamientos agresivos, especialmente en espacios donde pueden convivir miles de personas.  

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