Redacción
Angélica González
Durante siglos, la masturbación ha estado envuelta en mitos, silencios y tabúes. Aunque la ciencia ha desmentido creencias antiguas que la asociaban con ceguera, esterilidad o enfermedades, muchas personas aún la viven con culpa o como un tema prohibido. Hoy, la pregunta ya no es si está bien o mal, sino cuántas veces puede considerarse normal.
La clave no está en el número, sino en el equilibrio
El sexólogo clínico Laurent Marchal Bertrand, psicólogo formado en la Universidad Católica de Lovaina y docente en universidades colombianas, explica que no existe una frecuencia ideal.
“La masturbación solo se vuelve problemática cuando interfiere con la vida cotidiana, la pareja o el trabajo”, afirma.
Según Marchal, la práctica es saludable cuando se integra de manera natural a la vida sexual y no reemplaza la intimidad con los demás ni se vuelve compulsiva.
Entre la salud y el mito
Lejos de los prejuicios, la evidencia científica muestra que la masturbación es una forma segura de explorar la sexualidad. Permite conocer el cuerpo, identificar las zonas erógenas y fortalecer la confianza personal.
Entre sus beneficios más estudiados se encuentran:
• Reducción del estrés y la ansiedad.
• Mejor calidad del sueño.
• Fortalecimiento de la autoestima sexual.
• Prevención de disfunciones sexuales.
En los hombres, algunos estudios sugieren que reduce el riesgo de disfunción eréctil; en las mujeres, mejora la lubricación y la respuesta erótica, incluso después de la menopausia.
La frecuencia depende de cada persona
La edad, el género y las circunstancias personales influyen directamente en la regularidad de la masturbación.
• Los adolescentes y adultos jóvenes suelen practicarla con mayor frecuencia.
• En edades más avanzadas, la práctica se mantiene, aunque con menor intensidad.
Un estudio realizado en Noruega (2022) encontró que la mayoría de los hombres lo hacía entre dos y tres veces por semana, mientras que las mujeres lo hacían entre dos y tres veces al mes.
Además, tener o no pareja también influye: en algunos casos la masturbación complementa la vida sexual compartida, mientras que en otros actúa como alternativa durante la soltería.
Pornografía y sus efectos
El especialista advierte que la pornografía puede influir en la relación con la masturbación. Su uso ocasional no representa un problema, pero cuando se convierte en la única fuente de excitación, puede generar consecuencias como:
• Expectativas sexuales irreales.
• Necesidad de estímulos más intensos.
• Disminución del interés en la vida sexual real.
La Fundación Universitaria Konrad Lorenz adelanta estudios sobre el consumo problemático de pornografía. Los resultados preliminares muestran que su uso excesivo puede asociarse con dificultades eréctiles y menor satisfacción sexual.
Una práctica saludable cuando hay conciencia
En conclusión, no existe una cifra universal que defina lo “normal”. Para algunas personas puede ser varias veces al día; para otras, nunca, y ambas opciones son válidas siempre que no afecten la vida emocional, social o sexual.
“La masturbación es una herramienta de autoconocimiento y conexión con el cuerpo. No se trata de ponerle límites numéricos, sino de vivirla como parte de una sexualidad libre y plena”, resume Marchal.
Con información de El Tiempo
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