Redacción Angélica González

Las emociones son respuestas naturales que los seres humanos tienen hacia lo que sucede a su alrededor. En psicología, se clasifican en primarias y secundarias. Las emociones primarias, como la alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y asco, son universales y las experimentan todas las personas, sin importar su origen, edad o cultura.

 

Natália Orti, psicóloga con especialización en Psicología del Desarrollo y del Aprendizaje, explicó esta clasificación en una entrevista para National Geographic. Además, señaló que las emociones secundarias son más variadas y están influenciadas por la cultura, lo que significa que pueden ser diferentes para cada individuo.

 

Entre estas emociones secundarías aparecen el orgullo, la vergüenza, la admiración y la culpa.

 

¿De dónde nacen las emociones?

 

“Las emociones se producen por una combinación de factores, entre ellos nuestra biología, nuestras experiencias pasadas, nuestro entorno actual y nuestra interpretación de los acontecimientos”, apuntó Orti.

 

Asimismo, manifestó que “desde un punto de vista biológico, las emociones son generadas por partes del cerebro, como la amígdala y el hipocampo, que procesan la información sensorial y desencadenan respuestas emocionales”.

 

La importancia de estar en contacto con las emociones 

 

De acuerdo con la experta, es clave que una persona entre en contacto con lo que siente para así poder conocer y reconocer las emociones propias y ayudar al autoconocimiento. “Desde un punto de vista biológico, las emociones son generadas por partes del cerebro, como la amígdala y el hipocampo, que procesan la información sensorial y desencadenan respuestas emocionales”, indicó.

 

Asimismo, Orti indicó que “también puede ser útil escribir, como forma de ejercitar la introspección, enlazar ideas, afinar percepciones y así poder reflexionar sobre nuestras emociones”.

 

“La psicoterapia es otra posibilidad, porque tiene la función de proporcionar un espacio, una relación terapéutica y estrategias que permitan tanto observar y nombrar las emociones, como comprender los fenómenos emocionales en el contexto de la vida de cada persona, proporcionando autoconocimiento, regulación emocional y resolución de problemas”, agregó.

 

Sobre la dificultad de “estar abierto” y conocer las propias emociones se debe a “diversas cuestiones culturales y personales”. 

 

La psicóloga explicó que se le llama evitación experiencial a “cualquier comportamiento que implique evitar o intentar deshacerse de pensamientos, sentimientos o sensaciones internas incómodas”.

 

“Cuando evitamos nuestras emociones, perdemos la oportunidad de aprender de ellas y comprender lo que realmente nos importa. La ira, por ejemplo, puede indicar que se han traspasado nuestros límites”, puntualizó.

 

Finalmente, la profesional hizo hincapié en que si bien la evitación experiencial puede generar un alivio temporal, a largo plazo “puede impedirnos entrar en contacto con las emociones difíciles y alejarnos así del autoconocimiento y de la valiosa información que las emociones comunican sobre nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestro entorno, las relaciones y la experiencia con la vida en general”.

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