Redacción admin

Después de varios días en el centro de la atención pública, Angie Bonilla, madre del niño secuestrado Lyan Hortúa, optó por desaparecer del escenario digital. La decisión llegó tras conocerse nuevas revelaciones que la vinculan con estructuras criminales y una deuda millonaria que habría desencadenado el plagio de su hijo.

 

Bonilla, quien durante el cautiverio fue la principal vocera ante los medios, cerró su cuenta de Instagram y eliminó todas sus publicaciones públicas, en un intento por proteger su entorno familiar del creciente escrutinio mediático y judicial.

 

De influenciadora a figura clave en un escándalo

 

Angie Bonilla se presentaba como "Barbie Vanessa" en redes sociales, donde acumulaba más de 132.000 seguidores. En sus publicaciones mostraba viajes, lujos, joyas y un estilo de vida llamativo que ahora es objeto de cuestionamientos.

 

Su transformación pública ocurrió en paralelo a las revelaciones del caso: el secuestro de su hijo Lyan, ocurrido el pasado 3 de mayo en Jamundí, habría estado relacionado con una presunta deuda de 37.000 millones de pesos con el narcotraficante extraditado Diego Rastrojo, según informes divulgados por Semana y confirmados por autoridades consultadas por ese medio.

 

 

Silencio total tras la liberación del niño

 

El menor fue liberado el 21 de mayo, tras 18 días de cautiverio. Aunque inicialmente se habló de una entrega sin condiciones, luego se supo que la familia, presuntamente, habría negociado directamente con las disidencias de las Farc sin informar a las autoridades, lo que generó indignación y abrió una nueva línea de investigación.

 

La situación se tornó más compleja tras el asesinato de Antonio Cuadros, el hombre señalado como intermediario en la liberación. Su funeral fue realizado al día siguiente, pero ninguno de los miembros de la familia asistió, lo que ha desatado rumores sobre un posible desplazamiento fuera del Valle del Cauca o incluso del país por motivos de seguridad.

 

Hoy, Angie Bonilla guarda silencio, no ha reaparecido en público, y la cuenta de Instagram donde antes mostraba su vida de viajes y opulencia ahora no tiene contenido visible.

 

 

Justicia e investigaciones en curso

 

Las autoridades no han revelado el paradero actual de Bonilla ni de su pareja, Jorsuar Suárez, con quien tuvo una boda ampliamente registrada en redes. Tampoco se conoce la ubicación de Lyan ni de sus hermanos, y todo indica que por protección a los menores, la información permanecerá bajo estricta reserva.

 

Mientras la Fiscalía y la Policía avanzan con las investigaciones, el retiro de Bonilla del espacio público digital refleja el intento de cerrar el cerco mediático, proteger a su familia y evitar la exposición de más datos personales en un caso que, por su trasfondo, sigue conmocionando al país.

 

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