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El asteroide 2024 YR4, es de tamaño medio. Tiene unos 500 metros de diámetro y pasará cerca de la órbita del planeta Tierra en los próximos años. Desde hace algunos meses, varios medios de comunicación mencionaron que existía un 1.5% de probabilidades de que el cuerpo celeste choque contra el planeta en el año 2032.
Sin embargo, según reporta la Agencia EFE, en las últimas horas la Nasa mencionó que hubo un cambio en la probabilidad, que pasó a ser del 2,3; es decir, aumentó.
Según explicaron, esto representa una probabilidad de impacto de 1 entre 43, con un 97,7 % de posibilidades de que el asteroide no colisione.
En relación con esto, la revista Science Advances ha publicado un estudio en el que se simulan los posibles efectos de un cuerpo mucho más grande.
Un equipo liderado por el Centro de Física del Clima del Instituto de Ciencias Básicas de la Universidad Nacional de Pusan (Corea del Sur) utilizó el asteroide Bennu como modelo para su investigación.
¿Qué podría pasar si el asteroide choca con el planeta?
Además, según la información recogida por EFE y Blu Radio, si el asteroide chocara con el planeta en el año 2182, evento cuya probabilidad es de 1 entre 2.700, se podría presentar la liberación de entre 100 y 400 millones de toneladas de polvo en la atmósfera, y las simulaciones indican que esto causaría cambios drásticos en el clima, la química atmosférica y la fotosíntesis global durante los 3 o 4 años posteriores al impacto.
El escenario más grave contempla la llegada de hasta 400 millones de toneladas de polvo a la atmósfera, junto con aerosoles, escombros y cenizas, lo que provocaría un oscurecimiento del sol.
El resultado sería un enfriamiento global de la superficie de hasta 4 grados, una disminución del 15 % en las precipitaciones globales y un agotamiento severo de la capa de ozono, alrededor del 32 %, lo que desataría un invierno global y una caída extrema de la productividad primaria neta.
Un "invierno de impacto" provocado por el polvo persistente podría afectar gravemente la fotosíntesis global, con una reducción de la productividad primaria neta terrestre de hasta un 36 % y una caída del 25 % en la marina. A nivel regional, estos efectos podrían ser aún más intensos.
Ese invierno repentino generaría condiciones climáticas desfavorables para el crecimiento de las plantas, lo que causaría una disminución inicial del 20-30 % en la fotosíntesis de los ecosistemas terrestres y marinos, probablemente originando grandes trastornos en la seguridad alimentaria mundial.
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