Redacción
Juan Sebastián Sosa
Se conocen nuevos casos de engaños y fraudes para captar personas que luchen para Rusia en la guerra contra Ucrania. Un informe de la BBC dio a conocer que han sido varios los ciudadanos indios que han sido engañados para que lucharan al lado de las tropas bajo el mando del presidente Vladimir Putin.
Ese fue el caso de David Moothappan, un joven pescador de 23 años, al que lo sedujo un anuncio en Facebook que le ofrecía trabajo como guardia de seguridad en Rusia con salarios de hasta 2.201 dólares mensuales. Sin embargo, el hombre con lo que se encontró fue con la guerra de frente.
Así como el caso de Moothappan, hay varios ciudadanos indios de familias humildes que han sido atraídos con la promesa de empleo o como ayudante del ejército ruso, pero que terminan luchando para defender a ese país.
El reporte señala que varios han conseguido volver a su casa, aunque al menos dos indios ya han resultado muertos en medio de la guerra. La Cancillería de ese país asegura que ha estado presionando a las autoridades rusas para que devuelvan a sus ciudadanos.
“Había restos de cadáveres esparcidos por todo el suelo”, cuenta el joven Moothappan sobre su paso por la guerra. Señaló que en ocasiones vomitaba y casi se desmayaba al ver las cruentas escenas: “hay muerte y destrucción por todas partes”.
El joven se rompió una de sus piernas para Navidad luchando en un “lugar remoto”. Le tomó hasta dos meses y pasar por varios hospitales de ciudades como Luhansk, Volgogrado y Rostov antes de recuperarse parcialmente.
Su calvario terminó cuando en marzo un grupo de indios lo ayudó a llegar a la embajada de su país en Moscú y así pudo organizar su viaje de vuelta a su hogar.
"Una oportunidad de oro"
En otra aldea de pescadores en Kerala (India), Sebastián tiene otra historia similar de escape y trauma. En su caso, fue engañado por un agente local y posteriormente desplegado en un grupo de 30 combatientes en la ciudad Lysychansk, en el este de Ucrania, ocupada por Rusia.
Señala que con solo tres semanas de entrenamiento lo enviaron al frente con varias armas de largo alcance y bombas, lo que le dificultaba moverse. Tras 15 minutos de haber llegado al frente, cuenta que le dispararon desde corta distancia y la bala le atravesó debajo de la oreja izquierda.
“Me quedé en shock y no podía moverme. Después de una hora, cuando caía la noche, explotó otra bomba. Me hirió gravemente en la pierna izquierda”, relató. Pasó esa noche oculto en una trinchera y sangrando, hasta que pudo escapar y pasar semanas en varios hospitales.
Tuvo un mes de permiso por las heridas y, durante ese tiempo, un sacerdote lo ayudó a contactar a la embajada india: la oficina consular le emitió un pasaporte temporal y le organizó el viaje de regreso a su casa. Sin embargo, dice que dos amigos que viajaron con él aún están desaparecidos y no se tiene información sobre ellos.
Las autoridades de Kerala han recibido denuncias de cuatro personas de haber sido engañadas por agentes. Sebastián relata que él y sus amigos acudieron a un agente de su pueblo para buscar trabajo en Europa.
El hombre les sugirió Rusia y les habló de una “oportunidad de oro”: era trabajar como guardias de seguridad con un salario de 2.402 dólares, una cifra bastante alta para sus condiciones en india, por lo que aceptaron rápidamente. El grupo de amigo le pagó 700 mil rupias por cada una para un visado ruso e iniciaron su viaje.
Al día siguiente de llegar, los trasladaron a ante un oficial militar en la ciudad de Kostroma, a 336 kilómetros de donde habían llegado. Allí los obligaron a firmar un contrato en ruso, idioma que no entendían.
Y de ahí a la guerra. Fueron llevados a un campamento militar en la región de Rostov, en donde les quitaron sus pasaportes y sus teléfonos.
El entrenamiento
El reclutamiento empezó el 10 de enero. En este aprendieron a usar granadas antitanque y maniobras en caso de estar heridos. Luego de poco más de una semana, fueron llevados a una base conocida como el Polígono Alabino, en donde tuvieron otros diez días de entrenamiento día y noche.
“Empecé a disfrutar de las armas como si fueran juguetes”, cuenta Sebastián. Sin embargo, la realidad los golpeó de frente por la crudeza de la guerra.
Ahora, de vuelta en su hogar, volvieron a las labores de pesca. “Tengo que devolver el dinero que pedí prestado a los prestamistas y reiniciar mi vida”, relata el hombre.
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