Redacción Juan Sebastián Sosa

El asesinato de los artistas colombianos Bayron Sánchez Salazar (B-King) y Jorge Luis Herrera (Regio Clown) en México ha generado gran conmoción y sigue siendo objeto de investigación. Ambos fueron reportados como desaparecidos el 16 de septiembre tras salir de un gimnasio en Polanco, Ciudad de México.

 

Un día después, sus cuerpos fueron encontrados en Cocotitlán, Estado de México, aunque la confirmación oficial de sus identidades se realizó hasta el 22 de septiembre tras varias pruebas forenses. El hallazgo cerró una semana de incertidumbre para sus familias y seguidores.

 

Las autoridades mexicanas trabajan sobre varias líneas de investigación que buscan explicar qué pasó en las horas previas a su muerte. La presión social en México y Colombia ha exigido respuestas rápidas y claras, aunque aún no hay una versión definitiva.

 

Uno de los puntos claves es que ambos artistas habrían tenido interacciones sospechosas en las horas previas a desaparecer. Esto incluye testimonios, grabaciones de cámaras de seguridad y conversaciones de WhatsApp que ahora hacen parte del expediente judicial.

 

Cada detalle que surge alimenta la hipótesis de que el crimen no fue un hecho aislado, sino que estaría relacionado con redes criminales que operan en la capital mexicana y en el Estado de México.

 

B-King y Regio Clown

 

La supuesta discusión en un hotel antes de desaparecer

 

Nuevas revelaciones apuntan a que B-King y Regio Clown tuvieron una fuerte discusión en el hotel donde se hospedaban. El periodista mexicano Carlos Jiménez, conocido por sus filtraciones en casos judiciales, aseguró que ambos protagonizaron una riña horas antes de desaparecer.

 

Según las versiones, la pelea ocurrió después de salir del gimnasio en Polanco, en la habitación que compartían. Allí habría consumo de alcohol y drogas, lo que provocó un altercado que derivó en disturbios dentro del hotel.

 

Los administradores del lugar habrían intervenido y les habrían pedido que mantuvieran el control, ya que estaban generando molestias a otros huéspedes. El hecho quedó registrado como un episodio de desorden que, en ese momento, no parecía trascender más allá de lo ocurrido.

 

Sin embargo, la Fiscalía mexicana no descarta que esta pelea haya tenido conexión con lo que sucedió después. El mal ambiente entre los artistas pudo haberlos dejado en una situación de vulnerabilidad frente a quienes los contactaron después.

 

El detalle de esta pelea refuerza la idea de que las últimas horas de los colombianos estuvieron marcadas por tensión, lo que podría haberlos puesto en riesgo al momento de encontrarse con terceros.

 

Una cita con “El Comandante” y mensajes de desconfianza

 

Otro de los hallazgos importantes en la investigación son las conversaciones de WhatsApp que mantuvo Regio Clown con su pareja sentimental antes de desaparecer. En ellas reveló que tenía pactada una reunión con un hombre apodado “El Comandante”.

 

La cita estaba prevista para el mismo día en que dejaron de comunicarse con sus familiares. A pesar de las advertencias de mantener la prudencia, ambos artistas decidieron acudir. Ese encuentro terminó siendo lo último que se supo de ellos con vida.

 

Chat de Regio Clown en el que habla de "El Comandante"

 

En los mensajes, B-King habría advertido que debía actuar con precaución, pues “no confiaba en nadie”. Esta expresión refleja el ambiente de desconfianza y el riesgo que rodeaba sus movimientos en Ciudad de México.

 

Para los investigadores, el personaje de “El Comandante” es clave, ya que podría ser la pieza que explique por qué los artistas fueron recogidos por un vehículo que más tarde sería hallado en un predio sospechoso.

 

El hallazgo de los cuerpos y el mensaje criminal

 

Los cuerpos de los dos artistas fueron encontrados en una carretera de Cocotitlán, Estado de México, el 17 de septiembre. Sin embargo, sus identidades solo se confirmaron oficialmente el 22 de septiembre, después de los análisis correspondientes.

 

Lo más impactante del hallazgo fue que junto a los cuerpos apareció un cartel firmado por la organización criminal “Familia Michoacana”. En él se les acusaba de traición y de colaborar con otra banda rival, calificándolos como “chapulines”.

 

La presencia del mensaje reforzó la hipótesis de un crimen ligado al crimen organizado. Aunque las autoridades aún no confirman si este grupo fue el responsable directo, los indicios apuntan a que los artistas quedaron atrapados en medio de disputas criminales.

 

Los cuerpos presentaban signos de violencia y estaban atados, lo que reflejó la brutalidad con la que se cometió el doble asesinato. Estas características coinciden con otros crímenes registrados en la zona bajo control de grupos armados ilegales.

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