Redacción
Angélica González
El llamado “olor a viejo” no es una creencia popular ni un estereotipo cultural: tiene una explicación científica. Investigaciones recientes han identificado que este aroma característico proviene del 2-nonenal, un compuesto que aparece en la piel a medida que envejecemos.
Su origen está en la degradación de los ácidos grasos omega-7, que con la edad pierden su capacidad antioxidante, facilitando la oxidación y generando este olor particular.
El olor a viejo existe: ¿a qué huele el 2-nonenal?
Según expertos citados por Corriere dello Sport, el olor del nonenal recuerda “a humedad, hierba y grasa”, con notas similares al “trigo sarraceno y cerveza añeja”.
A diferencia del olor corporal común, este aroma no se elimina fácilmente. Perfumes y desodorantes no lo ocultan: lo modifican. Tampoco el lavado frecuente es suficiente, ya que las células de la piel envejecida no se renuevan al mismo ritmo y las grasas acumuladas no se degradan con facilidad.
La clave, según los expertos: actuar desde el interior
Leslie Kenny, fundadora de Oxford Healthspan y especialista en longevidad, explica que combatir el olor a nonenal requiere un enfoque interno:
“Hay que deshacerse de él de adentro hacia afuera”, señala.
Para ello, la alimentación juega un papel central.
Los hongos, aliados nutricionales contra el “olor a viejo”
Kenny resalta el valor de una dieta rica en hongos, en especial shiitake y ostra. ¿Por qué estas variedades?
• Ergotioneína: un antioxidante potente que bloquea la peroxidación lipídica, evitando que el mal olor se acumule.
• Espermidina: activa la autofagia, el proceso mediante el cual las células eliminan y reciclan componentes dañados.
Esta combinación favorece una piel más limpia a nivel metabólico, ralentiza el envejecimiento y reduce la aparición del característico olor asociado a la edad.
Más beneficios respaldados por la ciencia
Además de su acción sobre el olor corporal, el consumo frecuente de hongos se ha relacionado con múltiples efectos positivos:
• Disminución del riesgo de cáncer (próstata y mama).
• Reducción de la presión arterial.
• Mejor respuesta a la insulina.
• Protección frente al daño cerebral.
• Fortalecimiento de los huesos.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que el “olor a viejo” es, en realidad, un reflejo de procesos celulares deteriorados por el paso del tiempo.
Una manifestación del envejecimiento que sí puede prevenirse
Aunque el nonenal no puede eliminarse con baños o fragancias, la evidencia científica apunta a que su control empieza en la dieta. Incorporar alimentos ricos en antioxidantes y compuestos regenerativos —como los hongos— puede ayudar a retrasar el deterioro celular y reducir este olor característico.
En conclusión, el “olor a viejo” no es solo una cuestión estética: es una señal del estado interno del organismo. Y la buena noticia es que la ciencia ya ofrece rutas claras para prevenirlo desde adentro.
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