Redacción Angélica González

Los huevos son uno de los alimentos más consumidos en el mundo y forman parte de cientos de preparaciones culinarias. Sin embargo, garantizar su buen estado es clave para prevenir enfermedades de origen alimentario y por eso surge la duda de cómo reconocer los huevos en mal estado. Organismos como la USDA, la FDA y la Academia Española de Nutrición y Dietética han establecido métodos claros para identificar huevos frescos y reducir cualquier riesgo.

 

En esta guía encontrarás los métodos más seguros para detectar huevos en mal estado, consejos de conservación y recomendaciones para manipularlos correctamente en casa.

 

Cómo reconocer huevos en mal estado

 

Uno de los procedimientos más conocidos es la prueba del agua. Para realizarla, basta con sumergir el huevo en un recipiente:


    •    Si se hunde y permanece en el fondo, es fresco.
    •    Si sube o flota, indica antigüedad y acumulación de aire en su interior.

 

La FDA aclara que un huevo flotante no siempre significa un riesgo sanitario, pues la prueba solo indica su edad, no su inocuidad microbiológica. Por eso, este método debe complementarse con otras verificaciones.

 

Revisión de la cáscara

 

La Academia Española de Nutrición y Dietética recuerda que muchas amenazas bacterianas son invisibles, pero observar la cáscara ayuda a filtrar riesgos:


    •    Una cáscara limpia y sin grietas sugiere un huevo apto.
    •    Si aparece sucia, viscosa o fracturada, podría existir contaminación.

 

 

Observación interna

 

Tras romper el huevo:


    •    Una yema firme y una clara consistente suelen indicar frescura.
    •    Tonos verdosos, rosados o iridiscentes obligan al descarte inmediato.

 

 

Olfato y fechas de consumo: la prueba más determinante

 

El olor es el indicador más fiable. Un huevo en mal estado desprende un aroma desagradable, incluso sin romper la cáscara si el deterioro es avanzado. Si existe cualquier sospecha, los expertos coinciden: debe desecharse.

 

 

La importancia de las fechas

 


    •    En Europa, la ley exige indicar la fecha de consumo preferente, usualmente 28 días después de la puesta. Consumir huevos más allá de esa fecha no implica un riesgo automático, siempre que estén bien conservados.
    •    En Estados Unidos, los empaques muestran la fecha de empaquetado y, en ocasiones, una fecha de caducidad.

 

Según la USDA, un huevo refrigerado entre 3 y 5 semanas puede seguir siendo apto incluso después de la fecha de venta, si no presenta señales de deterioro.

 

 

Cómo conservar los huevos de forma segura

 

La refrigeración es el método más eficaz para prevenir la proliferación de bacterias como Salmonella.

 

 

La FDA recomienda:


    •    Guardarlos a menos de 4 °C (40 °F).
    •    Evitar la exposición a luz directa, golpes y olores intensos.
    •    No someterlos a cambios bruscos de temperatura.
    •    No lavarlos antes de refrigerarlos, ya que el lavado elimina la cutícula natural que los protege.

 

 

La especialista Laura Meschede, de la Academia Española, aconseja:


    •    Consumir huevos cocidos en un máximo de 7 días.
    •    Desechar cualquier huevo con olor extraño o cáscara fisurada.

 

 

Precauciones para platos con huevo crudo y evitar contaminación cruzada

 

Preparaciones como mayonesa casera, salsas sin cocción o postres requieren cuidados adicionales:


    •    Añadir limón o vinagre para reducir el riesgo bacteriano.
    •    Refrigerar de inmediato y consumir en menos de 24 horas.

 

Los CDC recuerdan que Salmonella puede causar fiebre, diarrea y cólicos, por lo que la higiene debe ser rigurosa.

 

 

Evitar la contaminación cruzada

 

Todo utensilio, superficie o mano que entre en contacto con huevo crudo debe lavarse antes y después de la manipulación. Incluso si un huevo parece normal en sabor, olor y aspecto, puede albergar microorganismos invisibles.

 

La cocción completa —cuando yema y clara están totalmente cuajadas— es la barrera más efectiva contra infecciones.

 

 

Conclusión: claves para garantizar la seguridad alimentaria en casa

 

La combinación de métodos físicos, olfativos, control de fechas, refrigeración correcta y manipulación higiénica permite reducir al mínimo el riesgo de consumir huevos en mal estado.

 

Organismos como la FDA, USDA y la Academia Española de Nutrición y Dietética coinciden en que estas prácticas son esenciales para proteger la salud, en especial de niños, embarazadas, adultos mayores y personas inmunodeprimidas.

 

Evitar enfermedades comienza con hábitos simples: revisar, refrigerar, cocinar adecuadamente y mantener una higiene estricta. La prevención es la mejor forma de cuidar a tu familia.

 

 

Con información de Infobae

 

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