Redacción Angélica González

El actor venezolano Juan Alfonso Baptista, recordado por su papel de Óscar Reyes en Pasión de gavilanes y conocido también como El Gato, habló nuevamente sobre uno de los episodios más duros de su vida: la parálisis facial que sufrió a los 19 años y que lo obligó a frenar una carrera que apenas comenzaba a despegar.

 

En una conversación reciente con Juan Pablo Raba en el pódcast Los hombres sí lloran, Baptista profundizó en una experiencia que marcó su vida personal y profesional, y aprovechó para hacer un llamado a la empatía frente a los juicios y señalamientos sociales.

 

 

La parálisis que llegó en el inicio de su carrera

 

Juan Alfonso Baptista contó que el episodio ocurrió hacia 1997, cuando atravesaba un buen momento laboral tras su primer proyecto en televisión, A Todo Corazón. Sin embargo, una parálisis facial a frigori cambió por completo su panorama.

 

“Esta carrera me dio una parálisis facial a frigori, porque Dios quiso que me diera a los 19 años y fue una lección de vida”, relató el actor. Según explicó, el diagnóstico llegó justo cuando tenía nuevas oportunidades en puerta, incluyendo un proyecto en Puerto Rico que protagonizaría junto a Gaby Espino, quien entonces era su pareja.

 

La recuperación no fue rápida y eso tuvo consecuencias directas en su trabajo. “Me dijeron: ‘Cuando te recuperes’, yo dije en dos meses, pero no fue así y me sacaron de la novela”, recordó.

 

 

El momento exacto en que todo cambió

 

Baptista explicó que la parálisis se desencadenó durante una grabación en un estudio con aire acondicionado. Tras exponerse al frío extremo, notó los primeros síntomas al día siguiente.

 

“Al día siguiente se me apaga el ojo, se me apaga la boca”, relató el actor, hoy de 49 años. A partir de ese momento, enfrentó un proceso físico y emocional complejo que incluyó reaprender funciones básicas.

 

“Me tocó volver a hablar y volver a comer. Se me caía la boca, era una parálisis facial”, afirmó.

 

 

El impacto emocional y los juicios externos

 

Más allá de las dificultades médicas, Baptista aseguró que uno de los golpes más duros fue enfrentar los comentarios y prejuicios de otras personas, muchas veces sin conocer su historia.

 

“Yo salía a la calle y la gente decía: ‘No se te entiende, ¿por qué se le apagó así el ojo?, ya está drogado’”, recordó visiblemente afectado. Según explicó, estos señalamientos aumentaron el peso emocional de una etapa ya difícil.

 

El actor criticó la tendencia social a juzgar sin conocer los procesos personales y pidió mayor respeto por las historias ajenas.

 

 

Un llamado a la empatía y al respeto

 

Al compartir su testimonio, Juan Alfonso Baptista hizo un llamado directo a la empatía, especialmente hacia quienes atraviesan situaciones de salud o procesos personales complejos.

 

“Nadie sabe lo que cada quien lleva en su vida. Ese respeto legítimo a existir sin cuestionar y sin señalar”, afirmó. También recordó el esfuerzo que implicó salir adelante, incluso cuando tuvo que migrar y reconstruir su carrera lejos de casa.

“Y no puedes hablar y la cara torcida. Y te vas a México y le echas bola”, concluyó.

 

 

 

 

Una historia de resiliencia

 

El testimonio de Juan Alfonso Baptista deja en evidencia los costos emocionales que pueden tener los problemas de salud, especialmente cuando se combinan con la exposición pública y la falta de empatía social. Su historia no solo revela un episodio poco conocido de su vida, sino que también abre una reflexión sobre el respeto, la comprensión y la resiliencia frente a la adversidad.

 

 

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