Redacción Angélica González

Un estudio reciente patrocinado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, señaló que el sentimiento frecuente de ira podría limitar la capacidad de dilatación de las arterias de pequeño calibre -las cuales regulan el flujo a los capitales-, aumentando así el riesgo de desarrollar cardiopatías. 

 

El estudio, publicado en la revista Journal of the American Heart Association (Jaha), es el primero en mostrar una relación directa entre la ira y este daño vascular especifico, el cual es precursor de cambios que a largo plazo pueden evolucionar a la aterosclerosis, la madre del infarto de miocardio y el ictus.

 

"Desde hace tiempo se sospechaba, basándose en observaciones anteriores, que la ira podía tener una influencia perjudicial en el corazón. Este estudio en adultos sanos ayuda a llenar un verdadero vacío de conocimiento y muestra el mecanismo por el que podría producirse este daño", indica Laurie Friedman Donze, psicóloga y colaboradora del estudio.

 

"También abre la puerta a promover intervenciones para el control de la ira resiliente como estrategia para ayudar a prevenir las enfermedades cardiacas, que en EE. UU. -como en Italia- son la principal causa de muerte", agrega.

 

El impacto de la ira frecuente en nuestro corazón

 

Si bien la ira ocasional es algo normal y no suele tener un impacto negativo en el corazón, sí es importante prestarle atención a la ira frecuente o recurrente.  

 

"Si una persona se enfada todo el tiempo, tiene lesiones vasculares crónicas", manifiesta Daichi Shimbo, coordinador del estudio y cardiólogo de la Universidad de Columbia, en Nueva York. "Estas lesiones crónicas pueden causar efectos irreversibles en la salud vascular con el tiempo, aumentando el riesgo de cardiopatías", puntualiza.

 

¿Cómo se realizó el estudio?

 

En total fueron reclutados 280 adultos sanos de ambos sexos y edades entre los 18 y los 73 años en la ciudad de Nueva York. 

 

De acuerdo con los datos de la encuesta, estas personas no tenían enfermedades cardiovasculares ni tampoco contaban con factores de riesgo, tales como antecedentes de hipertensión, diabetes y/o desequilibrios lipídicos. Los sujetos tampoco eran fumadores, no tomaban alguna medicación, ni tenían antecedentes diagnosticados de trastornos del estado de ánimo.

 

En esencia, los investigadores midieron los cambios en el flujo sanguíneo de las arterias de la extremidad superior dominante de cada participante y seguidamente les asignaron de manera aleatoria una tarea adecuada para evocar ira, ansiedad, tristeza o un estado emocional neutro.

 

Específicamente a quienes estaban en los grupos de ira y ansiedad, los investigadores les pidieron hablar durante ocho minutos sobre experiencias personales que evocaran dichas emociones.

 

Mientras que a los que estaban en el grupo de la tristeza les pidieron leer en voz alta por ocho minutos una serie de frases cortas que fueron diseñadas para provocar tristeza. El grupo de control sólo tuvo que contar números en voz alta durante ocho minutos con el fin de inducir un estado emocional neutro.

 

Los hallazgos del estudio

 

Al finalizar cada ensayo, los investigadores hicieron de nuevo la medición de los cambios en los vasos sanguíneos; al terminar la actividad y al cabo de 3, 40, 70 y 100 minutos.

 

Pues bien, los autores descubrieron que en los participantes que estuvieron en el grupo de la ira, la capacidad de dilatación de los vasos sanguíneos se reducía significativamente en comparación con los del grupo de control.

 

Según explicaron, esta alteración se mantuvo hasta 40 minutos después del episodio inicial de ira y disminuyó a partir de entonces. Por su parte, quienes estuvieron en el grupo de ansiedad o tristeza no se vieron afectados.

 

Frente a estos hallazgos, resaltan que, anteriormente, varios estudios han demostrado que la reducción de la dilatación de los vasos sanguíneos “precede al desarrollo de la aterosclerosis -la acumulación de placas de grasa en las paredes arteriales-, que a su vez puede provocar enfermedades cardiacas, como infarto de miocardio y accidente cerebrovascular”.

 

Pese a que no están claras las razones por las que la ira influye de manera negativa en la función de los vasos sanguíneos, Shimbo señala que son varios los factores que podrían influir; como la activación del sistema nervioso autónomo, los cambios provocados por las hormonas del estrés y la inflamación arterial.

 

Asimismo, el coordinador de estudio indica que es probable que el endotelio, el revestimiento interno de los vasos sanguíneos, conocido por controlar la dilatación de estos, de algún modo también se vea implicado.

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