Redacción Juan Sebastián Sosa

El Salón Elíptico del Congreso de la República, en Bogotá, se convirtió en el escenario del último adiós a Miguel Uribe Turbay, senador y precandidato presidencial del Centro Democrático, quien falleció el lunes 11 de agosto tras un atentado ocurrido el pasado 7 de junio en Modelia.

 

Desde las 8:00 a.m. de este martes, las puertas se abrieron para recibir a ciudadanos, familiares y líderes políticos que quisieron rendirle homenaje. El acceso se mantuvo hasta las horas de la noche y a las 7:30 p.m. se cerró formalmente la cámara ardiente.

 

El ambiente estuvo marcado por el silencio, el respeto y las muestras de afecto hacia la familia Uribe Turbay. Miles de personas desfilaron por el recinto para despedirse del político, cuya muerte ha generado un profundo impacto en el panorama nacional.

 

Entre los asistentes se encontraban figuras políticas, amigos cercanos y ciudadanos que lo recordaron por su trayectoria pública y sus propuestas de unidad y paz.

 

Pero uno de los momentos más emotivos del día estuvo protagonizado por su hijo menor, Alejandro, de apenas 4 años.

 

 

El emotivo momento del hijo de Miguel Uribe Turbay en el Salón Elíptico

 

En medio de la solemnidad, la atención se centró en una escena íntima y conmovedora: María Claudia Tarazona, esposa de Miguel Uribe, ingresó al Salón Elíptico cargando a su hijo Alejandro para despedirse del senador.

 

El pequeño se acercó al féretro cubierto por la bandera de Colombia mientras su madre lo sostenía en brazos. Permanecieron allí por unos minutos, en silencio, frente a los restos de su padre. En un instante, el menor tomó una flor blanca y la puso a un lado del féretro. 

 

 

Instantes después, Alejandro se dirigió hacia sus abuelos. Abrazó con fuerza a su abuelo, Miguel Uribe Londoño, en un gesto que conmovió a quienes se encontraban cerca.

 

La imagen de madre e hijo junto al féretro quedó como una de las postales más emotivas de la jornada, reflejando el dolor personal de la familia y el duelo de un país que despide a un líder asesinado. El momento fue presenciado por familiares, amigos y asistentes que guardaron respeto absoluto en torno a la escena.

 

El mensaje de María Claudia Tarazona en honor a Miguel Uribe

 

El día anterior, María Claudia Tarazona ya había pronunciado unas palabras en medio de la apertura de la cámara ardiente. Destacó que Miguel soñaba con un país en paz y que ningún niño tuviera que vivir lo que ahora enfrenta su hijo.

 

“Para el país se fue un hombre maravilloso, que soñaba con la paz y la unión de Colombia, que soñaba con un país donde ningún niño repitiera la historia que hoy su hijo está repitiendo. Romper una familia es el acto de violencia más horrible que se pueda cometer jamás”, expresó. También pidió que la despedida de su esposo se honre con amor y no con venganza.

 

Recordó que Miguel siempre tuvo en su corazón un compromiso profundo con la unión y el respeto entre los colombianos. “Rechazo cualquier acto de violencia o venganza por la muerte de Miguel, porque para honrarlo solo debe haber amor en nuestros corazones, eso era lo que habitaba en el corazón de Miguel: solo amor. Hoy que estamos dándole la despedida quiero decirles que ojalá se haga justicia, porque la justicia fortalece la democracia”, subrayó.

 

María Claudia Tarazona, esposa de Miguel Uribe Turbay, y sus hijas despidiendo al senador

 

Una historia familiar marcada por la violencia

 

La tragedia que golpea hoy a la familia Uribe Turbay no es nueva. En 1991, la periodista Diana Turbay, madre de Miguel, fue asesinada por el grupo criminal Los Extraditables, liderado por Pablo Escobar. En ese momento, Miguel tenía apenas 5 años.

 

Ese hecho marcó su infancia y su visión sobre la violencia en el país. Ahora, su hijo Alejandro enfrenta una situación similar, creciendo con la ausencia de su padre.

 

La historia de la familia ha estado profundamente ligada a la vida política y a las heridas causadas por el conflicto y el crimen organizado en Colombia.

 

El recuerdo de Diana y ahora el de Miguel se unen en la memoria colectiva del país como víctimas de un ciclo que aún no se logra romper.

 

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