Redacción Angélica González

Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que busca visibilizar un trastorno que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a 280 millones de personas en el mundo, entre ellas 23 millones de niños y adolescentes, y que hoy es la principal causa global de discapacidad. 

 

Aunque muchas veces se asocia con tristeza, llanto o aislamiento, existe una forma de depresión que puede pasar completamente desapercibida: la llamada depresión sonriente.

 

 

¿Qué es la depresión sonriente o enmascarada?

 

La depresión sonriente recibe el nombre clínico de trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento. A diferencia de la depresión clásica, quienes la padecen mantienen una fachada de bienestar: trabajan, estudian, cumplen con sus responsabilidades y suelen mostrarse alegres ante los demás, mientras por dentro atraviesan un profundo malestar emocional.

 

Según la psicóloga Belén Tarallo, esta forma de depresión no es leve: el esfuerzo por seguir funcionando implica un desgaste emocional y físico muy alto. Para que se diagnostique un trastorno depresivo mayor, los síntomas deben mantenerse durante al menos dos semanas y generar un impacto significativo en la vida de la persona.

 

La psiquiatra María Florencia Vidal, del Servicio de Psiquiatría de Fleni, advierte que esta presentación es especialmente riesgosa porque puede retrasar la búsqueda de ayuda profesional, ya que nadie —ni siquiera la propia persona— detecta lo que está ocurriendo.

 

 

Diferencias entre depresión y depresión sonriente

 

La depresión clásica suele manifestarse con tristeza profunda, apatía, llanto, aislamiento y dificultad para realizar actividades cotidianas.


En cambio, la depresión sonriente se caracteriza por:


    •    Funcionamiento externo conservado.
    •    Sonrisa social, productividad y cumplimiento de obligaciones.
    •    Profundo agotamiento interno, anhedonia y sensación de vacío.
    •    Autoexigencia extrema y dificultad para pedir ayuda.

 

El médico psiquiatra Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán, explicó que muchas personas llegan a consulta por dolores físicos, insomnio, cefaleas o problemas digestivos sin causa aparente, cuando en realidad esos síntomas esconden un cuadro depresivo no reconocido.

 

 

Síntomas de depresión

 

Entre los signos más frecuentes se encuentran:


    •    Tristeza persistente que se profundiza con el tiempo.
    •    Falta de energía y cansancio constante.
    •    Sentimientos de culpa y reproches hacia uno mismo.
    •    Pesimismo permanente y pensamientos negativos sobre la vida.
    •    Trastornos del sueño y del apetito.
    •    Pérdida de interés por actividades que antes generaban placer.

 

Cuando aparecen ideas de muerte o de hacerse daño, la consulta profesional debe ser inmediata.

 

 

Señales de la depresión sonriente

 

De acuerdo con la licenciada Tarallo, algunas pistas que ayudan a detectarla son:


    •    Cansancio crónico que no mejora con el descanso.
    •    Autocrítica elevada y sensación de insuficiencia.
    •    Desconexión emocional o vivir “en piloto automático”.
    •    Tendencia al perfeccionismo y la hiperresponsabilidad.
    •    Dificultad para frenar, descansar o reconocer necesidades propias.
    •    Uso excesivo de la actividad para evitar el malestar.

 

Aunque la persona siga socializando, suele existir un aislamiento emocional que el entorno no logra percibir.

 

 

Tratamiento y abordaje terapéutico

 

El abordaje debe ser integral y personalizado. La doctora Vidal recomienda psicoterapia orientada a la expresión emocional y al trabajo sobre la autoexigencia, como la terapia cognitivo-conductual, psicodinámica o de tercera ola. El tratamiento farmacológico se indica solo cuando es necesario y siempre bajo supervisión médica.

 

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), Tarallo propone trabajar en:


    •    Identificar y modificar pensamientos automáticos de exigencia extrema.
    •    Psicoeducar sobre la depresión y derribar mitos.
    •    Promover conductas de autocuidado y descanso.
    •    Desarrollar habilidades de regulación emocional.
    •    Prevenir recaídas detectando señales tempranas de sobrecarga.

 

“Sonreír no significa estar bien. Pedir ayuda es un acto de fortaleza”, subraya la especialista.

 

 

Prevención: una tarea colectiva

 

Para el doctor Salinas, la prevención no se limita al consultorio. También se construye en las escuelas, las familias, los lugares de trabajo y las instituciones, promoviendo educación emocional, redes de apoyo y un entorno digital más saludable.

 

Hablar de depresión con responsabilidad no genera alarma: permite reconocer, acompañar y tratar. Detrás de muchas sonrisas puede esconderse un dolor silencioso que merece ser escuchado.

 

 

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