Redacción Angélica González

De acuerdo con la Asociación Mundial de Medicina del Sueño (WASM, por sus siglas en inglés), la falta de sueño constituye una “epidemia global”, la cual impacta de manera directa la salud y la calidad de vida de casi la mitad de la población mundial.

 

Y es que el hecho de no dormir bien afecta el sistema inmunológico; ocasionando problemas médicos, que no solo se limitan a estar ‘adormilado’ o a la alteración en el humor.

 

Según indica la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA), con el tiempo, la falta de sueño puede perjudicar la salud cardiovascular, aumentando así el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

 

Los problemas del sueño, de acuerdo con una declaración científica de la AHA, publicada en marzo de 2024 por la revista Stroke, pueden aumentar el riesgo de enfermedades cerebrovasculares, entre ellas, las afectaciones de los vasos sanguíneos del cerebro, incluidos, los conocidos como ACV “silenciosos”. Adicionalmente, pueden generar problemas cognitivos.

 

La importancia de tener un sueño de calidad

 

Según la asociación del corazón, un adulto debe dormir entre siete y nueve horas diariamente. Al respecto, Susan Redline, profesora de medicina del sueño en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, hace hincapié en que el sueño debe ser de calidad.

 

“Incluso si duerme al menos siete horas, las interrupciones del sueño pueden impedirle dormir lo suficiente y también pueden provocar aumentos repentinos de presión arterial no saludables”, explica Redline.

 

Asimismo, explica que, durante la noche, el cuerpo no descansa de forma uniforme, sino que atraviesa por diferentes fases del sueño. Entre estas etapas, se encuentra el sueño profundo o de ondas lentas, una fase que representa aproximadamente una cuarta parte del tiempo total de sueño y que es una etapa resulta crucial para nuestra salud, ya que es en ella donde se produce la restauración de la energía y el fortalecimiento de la memoria.

 

Mantenimiento del cerebro 

 

Redline explica que mientras dormimos profundamente, el cuerpo se pone en marcha para repararse y deshacerse de las cosas que no necesita. En esta etapa, conocida como sueño profundo, la presión arterial y el ritmo cardíaco llegan a su nivel más bajo. Esto permite que un sistema especial dentro del cerebro, llamado sistema glinfático, elimine toxinas, incluida la beta-amiloide y otras proteínas relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

 

“Cuando las personas no duermen lo suficiente, es posible que la presión arterial no disminuya como debería. Esto puede desencadenar la actividad de las células de las paredes de los vasos sanguíneos y activar una inflamación dañina. El sistema linfático, cuya función depende de la salud de los vasos sanguíneos del cerebro, puede fallar”, explican desde el Harvard Health Publishing.

 

Las pausas en el sueño, como las que causa la apnea, disparan la adrenalina (la hormona del estrés) en el cuerpo. Esto hace que el corazón lata más rápido y sube la presión arterial, especialmente por las noches. A este problema se le conoce como hipertensión nocturna. “Estas elevaciones de la presión arterial pueden dejar a las personas en riesgo de sufrir problemas cerebrovasculares”, indica Redline al respecto.

 

Demencia por infarto múltiple

 

Las interrupciones del sueño, como las que causa la apnea, no solo elevan la presión arterial. También pueden ocasionar pequeños coágulos o sangrados microscópicos en los vasos sanguíneos profundos del cerebro. Estos microeventos, conocidos como accidentes cerebrovasculares silenciosos, no producen síntomas visibles, pero a largo plazo pueden dañar la salud cerebral y aumentar el riesgo de enfermedades graves.

 

“Pero una serie de accidentes cerebrovasculares de este tipo con el tiempo pueden provocar una afección conocida como demencia por infarto múltiple”, indican desde la revista de Harvard.

 

Frente a las personas con problemas del sueño, los expertos recomiendan consultar al médico para identificar y poder abordar este problema de manera oportuna. 

 

Para conocer más a fondo cómo uno duerme y detectar posibles problemas como la apnea, existen dispositivos portátiles que se pueden llevar en la muñeca o en el dedo. Estos aparatos, junto a sus aplicaciones, permiten que uno monitoree la calidad del sueño.

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