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Colombia
Imagen: EFE

Y ahora, ¿quién nos salva? Colombia en crisis



Por:




Mayra Alejandra Tenorio Orduz

Es difícil intentar describir la situación por la que estamos pasando y no me refirió a entenderlo desde la perspectiva sociopolítica, sino desde la humana, un enfoque que a mi parecer es más complejo.

Desde que somos niños se nos enseñó a creer, a imaginar que los deseos se hacen realidad, a siempre intentarlo. Aún no sé si fue una mala convicción que se nos inculcó, pues si me lo preguntan, yo sigo en ese vicio. Conformándome con los anhelos porque es lo único que nos queda; sin embargo, la forma en la que esta puede ser tomada me preocupa, ya que cuando el ser humano se da cuenta de que tiene una última pieza se le dan dos opciones: aprovecharla bajo las condiciones actuales o desatar su locura total por defenderla. Alternativas que se aplican muy bien a la crisis nacional actual.

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Después de ver intensas protestas y a un presidente que no hizo nada por solucionarlo, parece que el país en menos de nada puede volver a estallar. Estamos en una bomba de tiempo y a todos se nos hace un nudo en el cuello.

Queremos intentar ayudar y luchar, aunque esas acciones a veces se desdibujen y causen más daño. Pero qué sería de nosotros si no intentáramos apagar el fuego que sentimos, esa desesperación que nos consume al no tener nada que comer, cero oportunidades y más gastos. ¿Acaso esta condición merece ser culpada?

Y no, no intento justificar ninguna acción violenta, solo busco que se revele el problema. Evidenciar que sí hay un sufrimiento latente y que nada se está inventando. El pueblo clama a gritos cambio porque no cree poder seguir. Esa es la verdad de la manifestación y nadie la puede esconder.

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Por otra parte, entiendo que hemos sido espectadores de algunas manifestaciones que no tienen un propósito claro relacionadas con el vandalismo extremo y el terrorismo urbano, hechos que jamás serán tomados de otra manera que no sea mala. 

Sin embargo, no me siento en los cabales de apropiarle estas circunstancias a un político particular, a la derecha, a la izquierda o a los cientos de grupos subversivos que aún están presentes porque les estaría mintiendo. ¿Con qué veracidad o certeza lo haría? Solo estaría propagando un discurso de odio que ni yo misma comprendo y eso es lo que más abunda hoy. La lucha de los unos con los otros: una pelea que no tendrá ganador porque al final nadie estará en pie para proclamar victoria.

Tampoco quiero que me vean como una especie de ‘buda’ porque soy una persona igual que todos. Critico, lloro, río, defiendo y, algunas veces, solo me olvido de esta situación porque me abrumo; siento que me ahogo. Sensaciones que usted como lector, del otro lado de estas letras, también debe haber vivido.

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A lo que voy con este punto es que no debemos perder nuestro momento. No permitamos que esta narrativa peligrosa se apodere de lo que es Colombia. Los únicos que conocen cómo es la ‘realidad’ de la vida somos nosotros, los ciudadanos de a pie. Así que no hay nada como la voz del que lo vive. Basta de culpables, basta de líderes y representantes, basta de mesas sin acuerdos. Es hora de tomar nuestra palabra, que se alce la voz de la ciudadanía y sea escuchada de forma contundente para ser atendida.

La única forma de salir de esta crisis —que aunque no lo parezca, aún está latente— es con un compromiso genuino entre todos. De otra manera no nos alcanzará la vida para quedarnos en las violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas de control, en las investigaciones imparciales y en la destrucción que nos acaba poco a poco.

La columna escrita por Mayra Alejandra Tenorio Orduz no representa la línea editorial del medio

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