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Vacuna COVID-19
Imagen: Pinterest

La creciente pandemia de los no vacunados



Por:




 Daniel González Monery 

Francia e Italia, sientan precedentes frente a la creciente pandemia de los no vacunados que se extiende por el mundo. Luego de la imposición de un ‘pase sanitario’ en el territorio galo para ingresar a discotecas, eventos masivos y sitios de ocio y cultura, además de restaurantes, bares, centros comerciales, hospitales, aviones y trenes, ahora es Italia la que anuncia la exigencia de un certificado sanitario desde el 5 de agosto. Sin este ‘certificado verde’, que confirma la vacunación o prueba negativa de su portador, no se podrá acceder a espacios cerrados.

En Rusia, las tasas de vacunación son muy bajas (menos del 20 por ciento), a pesar de que el país ha desarrollado la Sputnik V, una de las vacunas más eficaces del mundo. En Estados Unidos, el estancamiento del ritmo de la vacunación está haciendo que el coronavirus siga propagándose entre quienes no quieren inmunizarse. Así lo indicó este viernes la directora de los Centros de Prevención y Control de Enfermedades, Rochelle Walensky, quien también afirma que el 99 % de las muertes por COVID-19 en Estados Unidos en las últimas semanas han sido de personas que no han recibido el biológico anti-Covid.

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Colombia, por supuesto, no podía ser la excepción a la regla. En el último mes, las autoridades de salud en el país elevaron una alerta por la baja asistencia de colombianos a los centros de vacunación, por cuenta de algunas personas que no quieren aplicarse cualquier biológico, en un contexto donde la variante Delta puede provocar una nueva ola de contagios en el país.

En Colombia, donde se han administrado más de 24 millones de dosis logrando la inmunización total de 10,7 millones de ciudadanos, 4,3 millones de personas, incluidas en las etapas priorizadas, no se han vacunado.

Este hecho es preocupante, pues según la más reciente encuesta Pulso Social, del Dane, un 17,4% de los habitantes de las 23 principales ciudades de Colombia no accedería a la vacuna así esta estuviera disponible para cualquier persona que quisiera acceder a ella.

Luego, el 17,6% los encuestados señalaron que no están interesados en la vacuna dado que no creen que la misma sea suficientemente efectiva. Sumados a estos, están quienes ya estuvieron contagiados con el virus y se recuperaron, motivo por el que no les interesa inmunizarse (2,1%); un 1,8% que indicó que está en contra de las vacunas en general; un 1,4% que no cree que el coronavirus sea peligroso para su salud y finalmente otro 1% que cree que la vacuna “se va a utilizar para manipularlo”, indica la entidad.

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Para toda esta población, sus primeras o segundas dosis se encuentran almacenadas en los centros de acopio que ha dispuesto el país. Aun así, es lamentable constatar cómo la vacunación se ha frenado, mientras los resultados de los primeros estudios sobre la eficacia de este proceso en Colombia confirman que todos los biológicos aquí administrados protegen contra la infección en un 86%, evitan hospitalización en un 90% y previenen la muerte en un 81%. Datos alentadores que reafirman la validez de la vacunación como el mejor instrumento para controlar el virus.

Aun así, lo más preocupante es que entre el 70% y 85% de los pacientes hospitalizados, en camas de Cuidado Intensivo o que han perdido la vida, corresponden a personas que tuvieron la opción de recibir la vacuna en su momento y no lo hicieron, según el Ministerio de Salud.

El número de dosis promedio aplicadas pasó de 519.595 el 09 de julio a 318.149 el 16 de julio, según indican los datos del Ministerio de Salud.

Frente a esto, existen diferentes razones que están causando que la gente prefiera no vacunarse. Pero la desinformación es uno de los factores más importantes. Esterilidad, cambios en el ADN, dudas por la supuesta rapidez del desarrollo de la vacuna y otras similares, son afirmaciones sobre las vacunas contra el coronavirus que suelen aparecer en Internet. Hasta el momento todas han sido ampliamente desmentidas.

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Vislumbrado este triste panorama, y la creciente pandemia de los no vacunados, creo que llegó el momento de abrir por completo la jornada de vacunación a todos los que sí quieren vacunarse en cualquier lugar del país, independientemente de su edad, por supuesto observando una logística adecuada a partir de la disponibilidad de las vacunas.

Decepciona ver cómo la soledad se ha vuelto frecuente en algunos puestos de vacunación e incluso las EPS han procedido a cerrar algunos que habían habilitado ante la escasa afluencia de público. Aunque la última semana han concurrido personas más jóvenes, sigue siendo un enigma lo que está ocurriendo con las bajas tasas de vacunación en el segmento de 50 a 54 años.

Vacunarse o no vacunarse contra el Covid, debe seguir siendo una decisión individual. Cada uno, de acuerdo con sus convicciones, percepciones, creencias, temores y condiciones particulares, habrá de tomar una decisión.

El Estado no puede obligar a nadie a vacunarse, es cierto. Pero sí puede y, sobre todo, debe desplegar todos sus instrumentos para estimular la vacunación. A fin de cuentas, hay un grave problema de salud pública y está en juego la vida de millones de colombianos si no se logran adecuados niveles de inmunidad.

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Alguien que no se ha vacunado, por más respetables que sean sus motivos y argumentos, es un potencial transmisor de contagios, de manera que no es solo su vida la que está en juego, sino también la de las personas que están a su alrededor y las de quienes interactúan con él.

Por eso es válido, legal y constitucional, que, sin obligar a la gente a vacunarse, y a sabiendas de que a estas alturas los efectos de las vacunas son todavía materia de estudio, el Estado colombiano se convierta en un patrocinador, en un animador, en un promotor activo, entusiasta y eficaz de la vacunación.

Dentro del marco de la Constitución y la ley, toda herramienta debería ser válida: loterías que rifen premios atractivos entre quienes se vacunen, beneficios fiscales, regalos, puntajes bonificados en algunos procesos de selección, descuentos en matrículas, en fin, cualquier estrategia que estimule la voluntad de las personas a vacunarse, como ya ocurre en otras latitudes del mundo.

En Estados Unidos, por ejemplo, el gobierno del presidente Joe Biden está regalando durante un día un porro de marihuana, cervezas, donuts, incluso dinero en efectivo a cualquiera que probara que había recibido al menos una dosis de la vacuna, mejor aún si ya completó su esquema.

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Tenemos que entender, de una vez por todas, quela pandemia no se ha ido, aunque incluso los mismos gobiernos insistan en lo contrario levantando de manera prematura medidas como el uso del tapaboca, que luego deben volver a implantar tras la subida de contagios. Las dudas que persisten alrededor del virus no deberían dar margen a la improvisación.

La vacunación debe recuperar su ritmo. El Gobierno, insisto, tiene que tomar decisiones rápidas acerca de la apertura de la vacunación masiva sin restricciones de edad, la entrega de incentivos económicos o incluso la imposición de restricciones a los no vacunados, como sugieren gremios de la salud y como ya ocurre en varias partes del mundo, para evitar que estas pandemias, del Covid y los no vacunados, sigan creciendo y se genere tensión con quienes decidieron vacunarse para asegurar su bienestar, el de sus familias y el de los demás.

Hasta ahora, la muerte de 4 millones de personas en todo el mundo, incluidas las más de 115 mil solo en Colombia, producto del Covid, no ha logrado convencer a un tercio importante de la población colombiana para vacunarse. Ojalá, que el día que decidan hacerlo no sea demasiado tarde.

La columna escrita por Daniel González Monery no representa la línea editorial del medio

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