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Raúl
Imagen: Redes sociales

Don Raúl Carvajal y su incansable búsqueda de la verdad



Por:




Daniel González Monery

Si hay algo más duro que escuchar la verdad, sin duda, siempre será buscarla. En Colombia, esa incesable búsqueda nos ha costado, y nos seguirá costando, miles de vidas, porque a los “señores de la guerra” no les conviene, ni les convendrá jamás, que se sepa lo que realmente pasó y cuáles fueron las implicaciones particulares de cada actor, político, civil y militar, en el baño de sangre que se prolongó 60 años.

La última vida que cobró esa incesable búsqueda de la verdad, fue la de Don Raúl Carvajal, padre, quien se dio a conocer en el país el día que llegó a la Plaza de Bolívar de Bogotá, en 2011, en un viejo camión forrado con las fotos de su hijo, el soldado del Ejército, cabo primero Raúl Carvajal Londoño, pidiendo saber la verdad sobre su muerte, ocurrida en octubre de 2006.

Don Raúl, o Don Furgón, como era cariñosamente conocido por su emblemático vehículo, que hoy debería convertirse en el símbolo del dolor que dejaron en él y en su núcleo familiar, los militares que participaron en el crimen de su vástago, recorrió el país durante más de 13 años, con la solidaridad de miles de colombianos, buscándole una explicación a la pérdida física de su hijo, cuyo cuerpo llevaba en la cubierta de su camión.

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Don Raúl, montaba todos los días en su furgón, la rabia, el desconsuelo y la tristeza de ver que ninguna institución oficial o político alguno escuchaba su clamor por esclarecer quiénes asesinaron a su hijo.

El Ejército, le informó que su hijo había muerto en un combate con la guerrilla el 8 de octubre de 2006, una versión a la que nunca le dio crédito porque días atrás su hijo le había revelado que quería retirarse porque se negó a matar a dos muchachos para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate.

Carvajal Pérez, padre del cabo fallecido, inició por su cuenta la investigación sobre lo sucedido ese 8 de octubre de 2006. Lo que Don Raúl había hallado a lo largo de ese camino, hasta su muerte, hoy sabemos que había sido un cruce lleno de mentiras.

No hay claridad en las versiones rendidas por sus compañeros sobre el combate y la versión entregada por el Ejército del choque con la guerrilla no coincide en absoluto con la expedida por las autoridades municipales de El Tarra, Norte de Santander. Personería y Policía Nacional certifican que para esa fecha no se presentó ningún hecho irregular en esa zona.

Pero por esas paradojas inexplicables que tiene la vida, Don Raúl, a sus 73 años, murió, el pasado sábado 12 de junio, producto de COVID-19, esperando por la verdad sobre la muerte de su hijo, justo un día después de que el expresidente Juan Manuel Santos, de manera inédita e histórica hay que decirlo, hiciera una declaración de esclarecimiento voluntario ante la Comisión de la Verdad, sobre su papel, en los macabros mal llamados “falsos positivos”, como ministro de Defensa entre 2006 y 2009.

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Durante su estadía en Bogotá, Don Raúl le alcanzó a hacer un reclamo al entonces presidente Juan Manuel Santos. “Usted era el ministro de Defensa en el 2006. Asesinaron a mi hijo en el Norte de Santander, usted con Álvaro Uribe Vélez. Usted no es ningún presidente, usted es un asesino de los colombianos”, le reprochó Carvajal a Santos en esa única oportunidad.

En febrero de 2011, cuando Juan Manuel Santos todavía era presidente de Colombia, Don Raúl también logró hablar cara a cara con Álvaro Uribe y lo señaló como uno de los culpables de la muerte del militar. “Ustedes son unos asesinos, si no tuvieran que ver con el asesinato de mi hijo hubieran dejado que se investigara”, le dijo el hombre a Uribe, reclamando por las indagaciones que se adelantaron en ese tiempo y que no han dado un resultado claro hasta el día de hoy.

“Ojalá le mataran un hijo a usted para que supiera lo que duele la muerte de un hijo cuando es bueno, pero ustedes son unos asesinos”, le dijo el padre. En su discurso, Don Raúl le recordó que no era la primera vez que se encontraban y que ya se había manifestado en varios espacios, hasta que le había entregado una carta.

“Ustedes no han querido que se investigue el asesinato de mi hijo”, le siguió diciendo el hombre. “La otra fiscal cerró el caso porque a ustedes no les conviene. A él lo llevaron en un helicóptero de Bucaramanga por orden de Álvaro Diego Tamayo Hoyos”.

El hombre, denunció por muchos años que la muerte de su hijo, integrante del Ejército, fue a manos de la misma institución. Carvajal se sustentaba en una llamada que tuvo con su hijo días antes de su muerte en la que le dijo que “las cosas se están poniendo feas”. En esa misma llamada, el cabo le contó a su padre que iba a ser abuelo y que en diciembre de 2006 le llevaría a conocer a su nieta, promesa que no se cumplió.

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La incansable lucha emprendida por Don Raúl, en la búsqueda de la verdad, lo llevó, desde hace más de 13 años, a protestar en diferentes ciudades de Colombia. Se deshizo de todo su patrimonio para comprar un furgón que llenó de pendones alusivos a la muerte de su hijo, denunciando al Gobierno de turno en el momento en que ocurrieron los hechos.

A raíz de las protestas que Don Raúl inició en vida, recibió varias amenazas. Su familia, le dio la espalda por miedo a las represalias. En vista de lo anterior, Don Raúl decidió cambiar de ciudad y continuar con su denuncia a lo largo y ancho del país hasta finalmente llegar a Bogotá.

Qué tristeza y qué lástima me genera, el hecho de que Don Raúl, en vida, no pudo escuchar la versión de la boca de quien una vez increpó para exigirle que investigara y, sobre todo, dijera la verdad sobre la muerte de su hijo, y por eso ahora, el ya fallecido Don Raúl, se erige como el ícono de la lucha de miles de familias, 6.402 según la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, que entre 2002 y 2008 fueron víctimas de las ejecuciones extrajudiciales, ocurridas en el turbulento y largo periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez.

En un extenso relato, Santos entregó su verdad sobre la macabra práctica que terminó siendo estimulada por las directivas ministeriales generadas en el marco de la política de la Seguridad Democrática del gobierno Uribe, las cuales establecían un plan de recompensas por bajas de guerrilleros y resultados operacionales contra los grupos subversivos. Así, muchos jóvenes colombianos terminaron asesinados y presentados como guerrilleros dados de baja en combates.

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“Me queda el remordimiento, el hondo pesar, de que en mi ministerio muchas madres, incluidas las de Soacha, perdieron a sus hijos por esta práctica tan despiadada”, expresó Santos al pedir perdón a las familias de las víctimas, reconociendo que este episodio de la historia es una mancha sobre el Ejército, pero sin haber hecho especial mención a Don Raúl. Ojalá, lo haga en una próxima rendición de cuentas, para que Don Raúl, por fin, pueda descansar en santa paz.

El relato de Juan Manuel Santos y su petición de perdón es, no cabe la menor duda, y así a muchos les pese e incomode, un paso muy importante en la tarea de la reconstrucción de la verdad del conflicto que, a finales de este año, tendrá que condensar en un informe final la Comisión de la Verdad. Pero no basta.

Esta es solo una parte de la historia, macabra a los ojos de los colombianos. Lo que realmente esperan las familias de las víctimas, especialmente la Asociación de Madres de los Falsos Positivos, es verlo a los ojos y poder pedir más explicaciones, que por supuesto merecen luego de habérselas negado por años.

Santos dio un primer paso, y eso está bien pues es lo que se espera ahora que es Nobel de Paz, pero las familias afectadas por este drama anhelan que todos los que ordenaron las actuaciones de los miembros del Ejército, y especialmente el propio expresidente Álvaro Uribe, quien lideró el país durante esos 8 funestos años, también cuenten su verdad sobre uno de los episodios más vergonzosos y deleznables de la historia del país.

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En los registros sanitarios y de Medicina Legal, quedará consignado que a don Raúl Antonio Carvajal lo mató el COVID-19. Pero la historia mediática y política de este país, debería registrar y, sobre todo, reconocer que este aguerrido anciano, por cuenta de la desidia del Estado, de tiempo atrás, deambulaba muerto hacía rato, reclamando justicia para su hijo.

Con su partida, Don Raúl se llevó parte de su indignación.Pero la otra, sigue ahí, incrustada en la carrocería de ese muy viejo pero significativo camión con el que recorrió las vías que todos los días lo condujeron a la sin salida, al vacío de una verdad y a la justicia que jamás vio llegar.

Ojalá, que la muerte de Don Raúl Carvajal sea la última de un padre o una madre que busca darle descanso a su alma intentando reclamar respuestas ante la pérdida física o forzada de sus hijos. Pero, sobre todo, que su muerte no haga cesar la necesaria búsqueda de la verdad, por más cruda y dura que esta sea, para que Colombia pueda por fin alcanzar la paz y la justicia social.

La columna escrita por Daniel González Monery no representa la línea editorial del medio

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