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Imagen tomada de: Colprensa

Cuba desviste los extremos



Por:




Marco Orozco

El caso de Cuba siempre ha sido un caso curioso porque se trata de un país que vivió la insurgencia de un grupo revolucionario que quiso libertar a un pueblo de las manos de un dictador militar llamado Fulgencio Batista. En efecto lo derrocaron, el problema fue que en lugar de libertar al pueblo se convirtieron en sus nuevos carceleros.

El experiodista de CNN, Ismael Cala, cuenta cómo siendo niño en Cuba fue parte de un congreso de estudiantes que visitó el Palacio de la Revolución, donde vivía Fidel Castro. Allí se dio cuenta que “mientras en mi casa solo había arroz sancochado; en el Palacio se preparaban alimentos y postres que yo nunca había visto.” “Después de aquello nunca fui la misma persona”, relató.

Hoy, que el caso Cuba toma nuevamente fuerza en el mundo por el levantamiento de un pueblo cansado del hambre y el embargo, en Colombia los líderes políticos de los dos extremos aparecen para hacer gala de una incoherencia sin par y de un sentido de oportunismo único.

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Por un lado, Gustavo Petro siempre recio con sus comentarios acerca de la represión en Colombia, se mostró tibio y conciliador con la situación en Cuba. Allá pidió simplemente “diálogo social”, mientras acá pedía “tomarse las calles”. Por su parte, Paloma Valencia, quien estuvo siempre del lado de acabar las protestas a punta de fuerza en Colombia, hoy se hace la libertadora y amiga del pueblo cubano, diciendo que “la ciudadanía no da más”. Imposible creerles.

En este juego ya llevan años, moviendo las masas de un lado hacia otro sin otro fin que el de movilizar sus propios intereses, sin ninguna vergüenza por conservar una coherencia o una línea cohesionada de posturas frente a su audiencia.

Colombia debe seguir revisando en la baraja de candidatos a Congreso y Presidencia, no solo quienes tengan buenas propuestas, sino a quienes tengan una trayectoria coherente y que puedan sostener su palabra sin importar que afecte sus intereses. Solo en ese tipo de liderazgos se puede confiar. Aquellos que voltean la arepa según su conveniencia, representan la forma de hacer política que debemos dejar atrás.

Columna escrita por Marco Orozco

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