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Imagen: EFE

26 junio, 2021

Cómo se crea un tirano



Por:




Marco Orozco

Según el libro “Los restos de la revolución”, Hugo Chávez llega a la presidencia con el apoyo de muchos empresarios, vendiéndose como una figura muy progresista, interesante y carismática. Abierto, en teoría, a dialogar con todos los sectores.

Mucha gente se le acercó, enamorados de esa posibilidad de un país distinto y decían que era el que podía liderar ese proceso, cuenta la autora Catalina Lobo, tras 4 años de vivir la crisis venezolana.

Pero poco a poco la gente se va dando cuenta de que su proyecto es cada vez más personalista y que él va apartando a cualquier persona que pueda hacerle alguna oposición real. Esto incluía medios de comunicación, empresarios, jueces y políticos de oposición.

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Cuando llega una nueva contienda electoral el mensaje de Chávez cambia. Ahora la consigna es “Yo o el caos”, intentando asfixiar con miedo cualquier alternativa para la ciudadanía encarnada en otros candidatos.

Según Lobo, cuando se rompe un hilo, cuando se pierde la confianza en los partidos, en los liderazgos, es donde puede aparecer de la nada un populista que dice que va a cambiar todo y salvar al país.

En Venezuela ese momento de inflexión se llamó el “Caracazo”, una serie de fuertes protestas en 1989 que tenían como fondo la pérdida de confianza en las instituciones y los partidos tradicionales. La llama que prendió el malestar fue la subida de los precios al transporte público, algo similar a lo ocurrido con la reforma tributaria en Colombia.

Luego tras el “Caracazo”, en Venezuela daba la sensación que “algo se había quebrado”.

Esto fue utilizado por una figura carismática y atrayente que prometía una revolución. El problema, asegura la periodista, es que normalmente estas revoluciones de caudillos se quedan en el proceso de destrucción y no se construye.

Su historia, asegura Catalina, no pretende encender el concepto del “castrochavismo” que a su juicio es una herramienta para generar miedo y réditos políticos, sino una invitación a mirar con cuidado a aquellos líderes mesiánicos aprovechan la crisis para prometerle soluciones fáciles a las masas y una vez en el poder son imposibles de desmontar.

Columna escrita por Marco Orozco