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Álvaro Uribe Vélez
Imagen: Pinterest

Álvaro Uribe, de “Gran Colombiano” a “gran engañado”



Por: Redaccion Ultimahoracol




De “Gran Colombiano” a “gran engañado”, pasó a ser, convenientemente, el expresidente Álvaro Uribe quien manifestó hace semanas, sin vergüenza y sin pudor, que fue “vilmente engañado y traicionado” por los soldados que cometieron los abominables y deleznables “falsos positivos”.

Cabe recordar, que el pronunciamiento de Uribe se dio en medio de una reunión informal que sostuvo, cómodamente desde su finca de Rionegro, con el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad.

Sin embargo, haciendo una breve trazabilidad de la dilatada vida política de Uribe, son muchas las veces que el expresidente ha dicho que ha sido engañado, traicionado o, por lo menos, mal informado.

Son tantas las veces que ha acudido a estos argumentos que difícilmente se le puede creer, o por lo menos es difícil pensar que fuera buen presidente cuando todo su mandato vivió engañado. Aquí un pequeño recuento:

Según lo manifestado por el mismo, Álvaro Uribe fue engañado, nada más y nada menos, unas 6.402 veces. No hay que olvidar que la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, manifestó que habría, por lo menos, 6.402 falsos positivos, es decir, civiles que fueron asesinados, presuntamente, por miembros de las Fuerzas Militares y que, luego, hicieron pasar como guerrilleros muertos en combate. Una verdadera barbaridad. Casi la mitad de las bajas en esos años fueron mentiras y crímenes.

El sesgo de Uribe con relación a las ejecuciones extrajudiciales durante su mandato es una estrategia para cargarle toda la culpa a los soldados que actuaron en cumplimiento de las órdenes de sus superiores, bajo la consigna de mostrar resultados en la lucha contra la guerrilla, resultados con la divisa de crimen de lesa humanidad.

Esa narrativa de distorsión no le ha funcionado a Uribe ante los colombianos. No tiene credibilidad lo que dice y la reacción generalizada es de rechazo. ¿Cómo es posible que quien fuera supremo comandante de las Fuerzas Armadas estuviera al margen de las atrocidades militares, consumadas en la ejecución de jóvenes que no eran combatientes de ningún frente guerrillero? ¿Cómo es que el jefe supremo no sabía de los ofrecimientos de recompensas por las víctimas que se reportaran?

Otro de los presuntos engaños, del que fue víctima Uribe, se presentó en la escabrosa masacre de El Aro, un corregimiento en el municipio de Ituango, departamento de Antioquia. La masacre de El Aro, ocurrió a finales de octubre de 1997, donde torturaron y asesinaron 16 campesinos, violaron mujeres, quemaron el pueblo, desplazaron a casi mil personas, entre otros crímenes. Esto ocurrió, precisamente,  cuando Uribe era el todopoderoso gobernador de Antioquia.

La masacre contó con información del Ejército, duro más de una semana y fue cometida por grupos paramilitares. Todo indicaría que esa masacre fue anunciada, la Gobernación había sido advertida y, de hecho, en medio de la masacre sobrevolaron dos helicópteros: uno de las Fuerzas Militares y otro de la Gobernación de Antioquia de color amarillo. De esos hechos fue enterado Pedro Juan Moreno, secretario de Gobierno de Uribe, y el alcalde de Ituango también avisó a la Gobernación. Nadie hizo nada.

La bancada de la parapolítica, sin duda, constituye otro de los “engaños” a los que fue sometido el pobre expresidente. No hay que olvidar que cerca del 40% del Congreso en 2002 fue ayudado por grupos paramilitares y era la bancada de gobierno de Álvaro Uribe; muchos de ellos fueron condenados, entre esos el señor Mario Uribe, primo del expresidente Uribe. Todos ellos votaron las leyes de tierras que promovió el gobierno. Varias de ellas legalizaban el despojo de tierras. Durante esos años se hizo famosa la frase de Uribe, “voten por ellos mientras los condenan”.

La yidispolítica y la compra de la reelección, parece ser, también hacen parte de la amalgama de traiciones y engaños que eclipsaron los 8 años de gobierno de Álvaro Uribe. Fueron condenados los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacios por ofrecimientos a los ex congresistas Yidis Medina, de ahí el famoso nombre del escándalo, y Teodolindo Avendaño para disipar el quorum de 18 congresistas que pedían archivar el acto legislativo que permitía la reelección.

El delito por el que fueron condenados es el de cohecho. Se puede decir que la reelección de Uribe fue lograda por medios ilegales, es decir, fue una reelección comprada. Aun así, se declara como un luchador contra el crimen y la corrupción.

En total, son más de 30 funcionarios del Gobierno, algunos de altísimo nivel pues trabajaban en la Casa de Nariño al lado del presidente; otros, encargados de responsabilidades tan delicadas como la seguridad nacional; unos, parlamentarios, y otros más, servidores públicos de mediano y bajo rango, delinquieron en el curso de la misma administración; fueron juzgados, encontrados culpables y purgan —o purgaron— sus penas en prisión.

Los puestos que los condenados ocuparon dan testimonio de su importancia: ministros de despacho, secretarios de Presidencia, representantes a la Cámara, directores de departamento, subdirectores. El monto de sus penas, de 4 a 14 años, y el tiempo de su inhabilidad para ejercer funciones oficiales, de 5 a 18, indican la gravedad de sus conductas a ojos de sus jueces, tribunales y procuradores, y de la propia Corte Suprema.

Pese a que actuaron en representación del Estado e inspiraban el respeto del mando, incurrieron en tal variedad de delitos que podría asimilarse a la de una banda criminal. Las sentencias de condena mencionan cohecho, concusión, concierto para delinquir, enriquecimiento ilícito, abuso de función pública, violación ilícita de comunicaciones, peculado por apropiación, falsedad ideológica y hasta asesinato. 

Por más que el expresidente Álvaro Uribe Vélez se empeñe en decir que su gobierno fue honorable, que estuvo libre de tacha y que su actuación fue impecable e insiste en que no se fraguó complot alguno en contra de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los hechos siempre dirán lo contrario.

Dado que la lista de “engaños y traiciones” de Uribe es larga, solamente me detengo en estos casos que han sido los más emblemáticos en su turbulenta y oscura carrera política. Si tal es el caso, así como los muchos otros en los que se ha justificado con la misma excusa, entonces vendría bien que nos cuestionáramos sobre la inteligencia que muchos le endilgan a este señor y más bien creyéramos que estuvimos gobernados por un idiota o, lo que es peor, que no haya sido por él, sino un poder en la sombra, el que nos haya gobernado, entre 2002 y 2008.

Así las cosas, creo que Uribe está en mora de solicitar su ingreso formal a la selecta lista del libro Guinness de los Records que le permita ser acreedor formal del título del “hombre más engañado del mundo”, aduciendo como ventaja una rara enfermedad que le hace ser corto de entendimiento y que por eso se dejó engañar, de todas las maneras posibles, por sus subalternos.

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